
Parece la tribuna de Almirante Brown. Pero no, se trata de la hinchada de Aris Salónica el equipo de la segunda ciudad más importante de Grecia. Ahí, Boca jugó un amistoso de lo más exótico en donde pasaron cosas tales como que… (más…)

Parece la tribuna de Almirante Brown. Pero no, se trata de la hinchada de Aris Salónica el equipo de la segunda ciudad más importante de Grecia. Ahí, Boca jugó un amistoso de lo más exótico en donde pasaron cosas tales como que… (más…)
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Los medios presentaron a Huracán como “el equipo del pueblo” porque en esa condición pareció llegar a su cita definitoria. La etiqueta quedó desteñida a la luz de un resultado que el globito no pudo conseguir, justamente, por haber sido un exégeta de los valores que la platea futbolística venía venerando. Todo jugador aficionado sublimó en Huracán el anhelo de juego irrevenrente que le encantaría interpretar en los picaditos informales, pero no se hizo cargo las consecuencias deleznables. Se sabe que el que tira un caño en el área se va a las manos con la misma pasión.
Es cierto que algunos fallos arbitrales los perjudicaron notablemente. Pero, al margen de eso, Huracán transitó el partido como un fantasma que deambula por los rincones de una casa que ya no le pertenece. Como si se hubiese guardado para el final lo peor de su repertorio. Ese fue el equipo de un pueblo que mantuvo su encanto hasta que se repartieron las medallas.

El último posteo quedó lejos, allá en el tiempo. No se me ocurre nada concreto para romper el hielo pero, de las cosas que me vienen dando vueltas por la cabeza, se me caen algunas pastillas:
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Con B de banda * ¿Cada día canta peor? * Doble discurso rojo * La frase de la fecha * Fútbol chiquito * Estas, y otras apostillas sobre la fecha 16 de fútbol argentino, clickeando abajo.
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Ídolo de todo Rosario -tal vez por no pertenecer ni a Newell’s ni a Central-, el “Trinche” Carlovich fue tan trascendente en Central Córdoba que llamó la atención desde Menotti en 1978 hasta el Inter de Milán. Para algunos fue mejor que Maradona. Pero él estaba más allá de todo eso: “no tuve más ambiciones que jugar a la pelota”.
Llora la pelota en un año triste para el fútbol argentino: sangrientas riñas entre barras, simpatizantes asesinados a piedrazos, partidos violentamente suspendidos, descuentos de puntos, canchas clausuradas, dirigentes sospechados e hinchas visitantes componen la infeliz lista a la que ahora se suma la denuncia que el Presidente de River hizo sobre Gastón Recondo. Justamente el 7 de noviembre, el Día del Periodista Deportivo.
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La autoconfianza en el fútbol, bien aplicada, es una herramienta a la que muchos entrenadores echan mano para motivar a su plantel vestuario adentro. Pero fuera de él (y, sobre todo, delante de los micrófonos) parece ser tomado como un signo de arrogancia y mal gusto. El mundillo del fútbol (no el que se rige por el sentimiento sino más bien por esos intentendibles códigos) se sorprendió con la aparición de Pedro Troglio, un DT que parecía esquivarle a los inútiles convencionalismos haciendo públicas sus inocentes especulaciones amparadas en la las matemáticas (“si ganamos los tres partidos que quedan somos campeones”, cuando era puntero con Gimnasia LP) o, lisa y llanamente, sus más sinceros pronósticos (“estoy muy seguro de que vamos a salir campeones”, semanas atrás, ya en Independiente).
Pero esa verborragia tan insolente para una profesión acostumbrada de quejosos y mediáticos sufrió el castigo de los que prefieren el monopolio de las declaraciones insulsas, vacías… de cassette: se fue de Gimnasia cuando la mala racha había oscurecido el subcampeonato del 2005, y el sueño de gloria con Independiente se está trizando al ritmo de los traspiés.
Un costo demasiado alto para alguien que no duda en hacer notar la confianza en sí mismo, y en su equipo. Un pecado que, quién sabe, tal vez se esté por cobrar una nueva víctima.

Passarella leyó bien el partido: le vio el dobladillo mal hecho a Boca justo a la altura del medio (Neri, Gracián y Banega no están en su mejor época), y le llenó la zona de toqueteadores como Beluschi, Ortega, Buonanotte y Augusto Fernández.
Inteligente planteo craneó Daniel Alberto entre semana, mientras el mediático Russo planchaba la camisa blanca para quedar más pintón ante las cámaras.
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Cuando el basquet superó exitosamente el Preolímpoco de Las Vegas con un plantel improvisado (a la luz de la renuncia de Ginóbili & amigos), muchos le solicitaron ese sentido de equipo a la selección de fútbol.
El reclamo al conjunto de Basile tomó el nombre de “garra” y “corazón”, cuando Los Pumas ofrecieron algo similar llegando a las semifinales en el Mundial de Rugby.
Cabe alegrarse entonces por el desafortunado paso de Argentina en el Mundial de Fútbol Femenino. Salvo que alguien esté deseoso de ver a Abbonzazieri con la cara pintada o a Tévez de generosos pectorales, al mejor estilo Willy Cherasny.