Se dijo mucho de Michael Jackson y, a esta altura, no creo que pueda hacer gran aporte a la causa. Reconozco que su imagen empezó a decolorarse (clank) a amarillo turbio con los episodios de harto conocimiento.
Para los que nunca buscamos un ídolo de poster, nos quedarán entonces un puñado de hits irresistibles, sus pasos copiables pero inimitables y “Moonwalker”, el legendario juego en el que invertimos toneladas de fichines todos los que nacimos en los 80’s.
El último posteo quedó lejos, allá en el tiempo. No se me ocurre nada concreto para romper el hielo pero, de las cosas que me vienen dando vueltas por la cabeza, se me caen algunas pastillas: (más…)
“No estoy seguro de que vaya a estar todo bien” dijo, en voz alta. Palito Ortega, que estaba viendo junto a él el armado del escenario por televisión, abandonó su quinta y se dirigió a la Plaza Belgrano que rodea a la Basílica de Luján para fiscalizar que todo estuviera en orden. Así, comenzó la cuenta regresiva del virtual regreso de Charly García a los escenarios. (más…)
¿Por qué, en vez de sumergirse dentro del Oceáno Atlántico en una bola de lata para cantarle a ballenas que solo buscaban aparearse en paz, no se queda Javier Calamaro tranquilito sobre el nivel del mar tratanto de interpretar una canción que no sea ni un tango cantado a capella ni la cortina de una comedia de Suar?
En mi blog de música (http://www.sisecallaelcantor.com.ar/) estoy comenzando a subir viejas notas que hice, o bien para la revista Si Se Calla El Cantor, o para cualquier otro medio donde me haya tocado publicar.
Como bautismo de fuego, pinché un informe que hice sobre metal argentino para el Suplemento Sí de Clarín que en su momento levantó bastante polvareda entre la muchachada.
El sábado 22 se cumplieron dos décadas de la muerte de Luca Prodan y, como suele suceder ocurrir cada vez que algún medio decide homenajearlo, desfilaron amigos y no tanto para recordar anécdotas que a esta altura del partido ya nos suenan parecidas. Algunos hablan desde el legítimo vínculo que habrán sabido tener en su debido momento o lugar (porque Luca no fue solo Sumo de la misma forma que Sumo tampoco fue solo Luca) mientras que otros cazan la guitarra para cantarnos/contarnos “una que sepamos todos”.
Es que pasan los años (“el tiempo pasa y nos vamos poniendo tecnos” cantó alguna vez), pasan los amigos, pasan las historias y, pasando en limpio, lo que más queda de Luca es que: era un borrachín que cantaba cosas como “La rubia tarada” o “Viejos vinagres”, que le dijo a los Virus que eran “unos putitos” y que, por morir joven y quebrado (física y económicamente), se convirtió en ídolo y modelo de multitudes.
Pues bien, era un poco más que eso. Por empezar, un tipo que renegaba de todas esas cosas. Que vivía en una lucha constante con su pasado y su presente, que quería cambiar su vida, que quería acomodarse, que quería sentar cabeza. Se molestaba cada vez que alguien lo idolatraba, porque no creía que una vida tan tormentosa y oscura como la suya fuese digna de veneración. Tal vez el rock fue su principal enemigo a la hora de ser lo que nunca fue: algo más que la simple cara de una mochila o de una remera.
¿Hubo alguien capaz de mantenerse abstraído a toda la movida generada por Soda Stereo? Sí, el Indio Solari, quién estuvo encerrado en su estudio personal de grabación fiscalizando la mezcla y producción de “Porco Rex”, su segundo disco solista. Pero esa no es la única novedad…
Volvieron Sumo, Soda, The Police, Led Zeppelín, y también Huracán a Primera, Riquelme a Boca y el fraude electoral del la década del ‘10 a las urnas del siglo XXI. Pero al año de las vueltas, le faltaba una.
Hubo varios desajustes, algunos gestos tribuneros y la sensación de que, entre los tres, siguen cuentas pendientes. Aún así, fue un evento magnífico: un gran regreso para una gran banda.
Una puesta en escena imponente, el sonido demoledor impropio de un lugar como River y una organización impecable, demostraron que las celebraciones no son patrimonio del rock agitador y suburbano. Cerati pudo usar las palabras “fiesta” y “pueblo” en su frase “a la gran fiesta del pueblo, ¡salud!”, sin deshonrar su naturaleza. Fueron un bálsamo para esa etiqueta tan ambigua y menoscabada como lo es la del “rock nacional” (aunque Cerati diga “odio la palabra rock nacional”), en nombre de la cuál se hicieron bribonadas de todo calibre. Soda Stereo demostró que, en Argentina, el rock no es solo Cromañón, banderas de aguante y olor a faso barato. Es eso, claro.Pero también es mucho más.
La gira recauda muchos billetes. Algunos se reinvirtieron en el propio espectáculo, otros fueron donados. Y una gran cantidad, lógicamente, fue a las cuentas de Ceratti, Bosio y Ficicchia. Lo cuál no está mal. Porque haber reconocido que “sí, volvimos por la plata” no hubiese empañado ni un poquito este feliz y respetuoso retorno del cuál saldrán ilesos y fortalecidos como pocas bandas en nuestro país. Y de paso, por qué no, nos tapaban definitivamente la boca a todos los malpensados.