Apuntes sobre el único debate electoral

El programa “A dos voces” (TN) eligió el día de la lealtad peronista para enfrentar a aspirantes a Senadores por la Capital (“los cuatro principales candidatos”, remarcó el conductor Gustavo Sylvestre) en lo que terminó siendo un debate encubierto sobre las propuestas presidenciales. En medio de la hojarasca atiborrada de cifras, porcentajes, promesas, reproches y hasta guerra de cartulinas, sucedió esto.

Podrían haber llamado a candidatos más pintorescos como Pino Solanas, Héctor Bidonde o el Juez Cruciani, pero no se trataba de un número de stand-up, sino de “el único debate de esta campaña electoral”, algo que los conductores de A dos voces remarcaron una y otra vez. Fueron convocados el economista ex menemista Carlos Melconián (PRO), la diputada nacida en Bolivia María Eugenia Estenssoro (Coalición Cívica, el partido de Carrió), el Ministro de Educación Daniel Filmus (Frente para la Victoria) y el lavagnista Ricado Gil Lavedra (UCR). El eje de la discusión fue abandonando las tres bancas del Senado en disputa, hasta llegar sillón de Rivadavia: excepto Melconián, todos terminaron buceando en las propuestas de sus candidatos presidenciales.

* Carlos Melconián fue el más informal de todos: lució su añeja barba de 3 días, echó mano al lunfardo una y otra vez, habló de “Mauricio y Gabriela”, se presentó como hincha de Racing y tuteó al televidente. Digamos que le faltó el paquete arrugado de Derby (en el bolsillo de la camisa suma más puntos) para redondear esa imagen de cafetín de Valentín Alsina que intentó mostrar desde que, en su presentación, aseguró haberse ganado la vida en un taller mecánico o vendiendo ramitas de olivo en una iglesia.Practicó, voluntaria o involuntariamente, dos pases de comedia: “parezco Chávez” (cuando leía un artículo de la Constitución) y “le doy la derecha a Filmus” (¿doble sentido?). Como comediante… bueno… es un buen vendedor de olivos.

* Daniel Filmus volvió a los estudios de TN como quién regresa a la casa de un tío: pocos meses había debatido con Mauricio Macri cuando aspiró a la Jefatura de Gobierno porteña. Esta vez lo atacaron todos y, a instancias de él, por todo: a él (cuando se debatió sobre educación), al matrimonio Kirchner y a sus otros compañeros ministros. Pretendió devolver con la misma moneda hablándole de la inflación alfonsinista a Gil Lavedra, recordándole a Melconián que “Macri apoya a López Muphy, porque capaz lo olvidaste” y enrostrándole a María Estenssoro las ideas de Prat Gay (el potencial Ministro de Economía de Carrió). Todos le hablaban encima (en realidad, todos SE hablaban encima) y las pocas veces que logró imponerse los demás fue más para hablar bien del pasado que del futuro. Se midió en un duelo de cartulinas con Gil Lavedra que en un momento pareció más de clase especial en colegio primario que de debate político. Al menos, si pierde sabe que tiene trabajo como hombre cartel en los semáforos.

* El radical Ricardo Gil Lavedra lució avejentado, como si hubiese decido mimetizarse con su partido: las cejas tupidas y asimétricas, las mejillas anárquicas, el cabello monopolizado por las canas y su sonrisa de Corega. Como un enamorado de colegio primario (aunque más bien por una estrategia electoral), trató una y otra vez de acercarse a Melconián aprobando algunas de sus ideas o reprobando las contestaciones de Filmus. Lo primero que hizo fue poner al pie de su atril un cartel electrónico que crecía sin cesar. Era el “ritmo del gasto K sin control” que sucedía mientras duraba el debate. Al término de programa pidió que alguna cámara tome la cifra, pero el cartel jamás fue enfocado.El tiempo fue su gran enemigo: siempre se quedaba corto en sus exposiciones (“siempre me corta la campana” se lamentaba casi inocentemente) y nunca se animó a hablar por encima de la chicharra, como si hicieron hasta casi abusivamente los otros candidatos.

* La diputada María Eugenia Estenssoro no quiso ser menos que Filmus y Gil Lavedra y desplegó su arsenal gráfico: dos hojas enganchadas a abrochadora manual con unas tortas porcentuales de vaya a saber uno qué estadística. En la presentación inicial, aludió a su frondoso currículum periodístico: estudió en Harvard, Columbia y La Sorbona, trabajó en Time, The Wall Street Journal y dirigió Revista Noticias. Pero a la hora de hablar ante cámaras y exponer sus ideas, la muchacha sacada de un dibujito animado aparentó contracturada, incómoda y hasta frágil frente a esos señores malos de traje y corbata que se hablaban uno encima del otro como si se tratara de una montonera humana. Ni el propio Bonelli pudo aguantarse la risa cuando dijo: “pueden interrumpirse, pero civilizadamente”.

[Las fotos del programa pertenecen a http://www.minutouno.com/]

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