Un gran remedio para un gran mal

Hubo varios desajustes, algunos gestos tribuneros y la sensación de que, entre los tres, siguen cuentas pendientes. Aún así, fue un evento magnífico: un gran regreso para una gran banda.
Una puesta en escena imponente, el sonido demoledor impropio de un lugar como River y una organización impecable, demostraron que las celebraciones no son patrimonio del rock agitador y suburbano. Cerati pudo usar las palabras “fiesta” y “pueblo” en su frase “a la gran fiesta del pueblo, ¡salud!”, sin deshonrar su naturaleza. Fueron un bálsamo para esa etiqueta tan ambigua y menoscabada como lo es la del “rock nacional” (aunque Cerati diga “odio la palabra rock nacional”), en nombre de la cuál se hicieron bribonadas de todo calibre. Soda Stereo demostró que, en Argentina, el rock no es solo Cromañón, banderas de aguante y olor a faso barato. Es eso, claro. Pero también es mucho más.
La gira recauda muchos billetes. Algunos se reinvirtieron en el propio espectáculo, otros fueron donados. Y una gran cantidad, lógicamente, fue a las cuentas de Ceratti, Bosio y Ficicchia. Lo cuál no está mal. Porque haber reconocido que “sí, volvimos por la plata” no hubiese empañado ni un poquito este feliz y respetuoso retorno del cuál saldrán ilesos y fortalecidos como pocas bandas en nuestro país. Y de paso, por qué no, nos tapaban definitivamente la boca a todos los malpensados.

[Foto: Damián Benetucci
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