Sirva otra vuelta, pulpero

Volvieron Sumo, Soda, The Police, Led Zeppelín, y también Huracán a Primera, Riquelme a Boca y el fraude electoral del la década del ’10 a las urnas del siglo XXI. Pero al año de las vueltas, le faltaba una.

Flema, el grupo emblema del punk más radical (aquel de pocos acordes, pero también de violentos escupitajos) celebró el vigésimo aniversario de su creación con un show regreso en El Teatro de Flores el viernes 2 de noviembre que dio incio también a una gira nacional digna del trío más mentado de estas horas.
Fue el segundo show sin el finado Ricky Espinoza ya que luego de su suicidio (que algunos pusieron en duda), a mediados de 2002, los demás músicos de Flema ofrecieron una especie de “último concierto” en el también extinto Cemento. El producto de esa megaceremonia del punk under en la cuál se sucedieron el micrófono del show-homenaje diversos referentes de la escena local, fue un disco llamado “Y aun yo te recuerdo”. Igual que ahora, donde el recital fue filmado para ser lanzado en formato DVD-rockumental recién en 2009.
La idea no estuvo mal. Tras la muerte de Ricky, los demás flemas convocaron a Lucio Bonvecchiato (voz del grupo Cosa Nostra) y siguieron su curso en el punk bajo el nombre de Topos. Editaron un EP y dos discos antes de que el cantante emigrara a España por razones laborales, así que volvieron a quedarse los ex ex ex con el horizonte convertido en incógnita.
La idea de este show festejo-regreso-homenaje fue aprobada por la familia de Ricky y contó sobre el escenario con miembros de la primerísimo hora, como los co-fundadores Fernando Rossi (que esta vez dejó el bajo y se hizo cargo de la voz principal), el guitarrista Luichi Grimaldo y el baterista Pepe Carballo, quién se había mudado a España.
Entrañable para algunos, despreciable para otros, el grupo inscribió su nombre en la historia de la música argentina a fuerza de una particular actitud que lo llevó a registrar temas como “La sangre de tu hermana”, “Maten a su suegra”, “Surfeando en el riachuelo” (¿qué mejor que un habitante de Avellaneda para contarlo?) o “Siempre estoy dado vuelta”, incluídos en discos titulados “Si el placer es un pecado, bienvenido al infierno” o “Resaka”.
Ellos saben lo que son desde que decidieron bautizar a un álbum con el conciso y directo título de “Flema es una mierda”. A confesión de parte, relevo de pruebas: no tienen que demostrarle nada a nadie. En el año de las vueltas, ¿por qué ellos no iban a poder volver?.

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