Me verás volver

 

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“No estoy seguro de que vaya a estar todo bien” dijo, en voz alta. Palito Ortega, que estaba viendo junto a él el armado del escenario por televisión, abandonó su quinta y se dirigió a la Plaza Belgrano que rodea a la Basílica de Luján para fiscalizar que todo estuviera en orden. Así, comenzó la cuenta regresiva del virtual regreso de Charly García a los escenarios.

La idea ya había sido pensada pero no planeada, por lo que hubo que solicitar una autorización judicial para que el ex Sui Generis pudiera hacer lo que siempre hizo y, desde hace ocho meses, le estaba vedado: tocar en vivo, por primera vez desde su rehabilitación, en un evento presumiblemente convocante. El músico venía reapareciendo públicamente con una frecuencia cada vez intensa, incluso visitando a Peter Gabriel en su propio camarín de Vélez después de aquel encuentro inicial en 1988, cuando coincidieron en un evento organizado por Amnesty International. La idea de un recital en vivo se convirtió entonces en una posibilidad inmediata, aunque sin alterar el tratamiento que Charly viene realizando en la quinta de Palito Ortega desde que le fue dada el alta de la clínica Abril de Almagro. En los últimos tiempos, sus compromisos médicos habían sido reubicados en Luján, de modo que ya no asistía a la clínica de Barrio Parque como condición para permanecer en el predio de Ortega. Pocos días atrás había trascendido un cable de Télam donde le adjudicaban al entorno del músico la decisión de iniciar una rehabilitación cognitiva en la Clínica Fleni de Escobar, noticia que el mánager Fernando Szereszevsky desmintió rápidamente acusando a la institución médica de realizar “una operación de prensa” con información “mentirosa y maliciosa”.

El recital del lunes al atardecer no fue anunciado por las vías formales, pero se convirtió en un secreto a voces antes del mediodía. Lo necesario para convocar una cierta cantidad pero a la vez lo suficiente para que no se desbordara, pese a que se vivió una calma chicha cuando, en pleno show, algunos vallados de contención cedieron ante la presión humana. La definición del lugar tampoco fue casual: un sitio amplio, de fácil entrada (y salida) y cercano de la quinta (base de operaciones de Charly y compañía) fueron requisitos claves para convencer a todos los involucrados en el presente y en el futuro inmediato del artista. El propio músico se autoadjudicó la elección manifestándose seducido por la imponente impronta religiosa de la plaza, aunque un allegado a Ortega sostiene que el propio Palito ya lo había considerado a fines del año pasado por el mismo motivo.

El cambio más notable de Charly se advirtió en su propia figura: uñas y pelo prolijos, dentadura completa, vestimenta formal y una cara decididamente redonda, producto de un aumento de quince kilos y algunas dosis de corticoides para combatir la artrosis en sus dedos que no le permitieron, por caso, tocar la guitarra en vivo. La actitud morigerada que expresó sobre tablas se la debe al tratamiento y a la medicación.

El operativo de traslado tuvo una consigna fundamental: Charly, siempre acompañado. Así, compartió combi con Palito y su hija Julieta; y fue asistido por gente de seguridad privada cada vez que subió y bajó del escenario, lugar en el que siempre tuvo de cerca a su mánager. Durante esa media hora, García solo se tuvo que preocupar por su música. En todo lo demás “trabajó mucha gente” resaltó el Zorrito Von Quintiero, tecladista del grupo que se completó con el trío chileno que lo había acompañado hasta el cataclismo previo de la internación.

En relación al disco que vienen grabando en “Mi negrita” (el estudio que Ortega tiene en su quinta literalmente empapelado con sus viejos long plays), Quintiero contestó sin contestar que “son canciones de Charly”. La euforia inicial de su reaparición pública puede hacer creer que ya está en condiciones de volver al ruedo con discos y giras, como su propia condición de músico lo sugeriría. Pero lo sucedido no fue un avance milagroso a la vera de Basílica, sino el exámen superado de presentar en sociedad a un Charly manso y tranquilo. Pese a que ese día dijo “estoy recuperado”, la clave estará en saber respetar sus tiempos para internalizar y evaluar lo que le realmente ocurrió sobre el escenario, ámbito de gran capital simbólico ya que fue (ni más, ni menos) la antesala de su infierno en Mendoza, ocho meses atrás. Ambos recitales tuvieron diversos desenlaces, aunque aquel pareció ser el fin de una etapa y, este, apenas el comienzo de algo que aún tiene mucho tiempo por delante.

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Una respuesta a “Me verás volver

  1. Gonzalo Aristizabal G

    La MARAVILLA el proceso de recuperacion de
    Charly me siento feliz y con la esperanza de verlo en concierto en Bogota Colombia .
    Cuando sera

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