Pastillas de colores sobre las elecciones (o las crónicas del día después)

K manos cara tapada

Pasaron las elecciones y el mundo siguió girando. Pero acá nos detenemos por un momento…

++++++++++++++++++++++++++

¿Cuán influyente terminó siendo el conflicto con el campo? Cambio la pregunta: ¿qué hubiese sido de estas elecciones sin ese episodio? En un parpadear, el Gobierno melló su popularidad y logró con la oposición lo que los propios opositores no habían podido: ponerlos en la misma vereda. Primero, a la gente común. Detrás de ellos, a los dirigentes sedientos de votos. Fortaleció al PRO, revivió al radicalismo y le dio vuelo propio a los díscolos (desde Cobos hasta Solá). Puso toda su carne a merced y, de allí hasta el domingo pasado, las fieras se fueron repartiendo los ataques a lo largo de todo el país. Renunció a los espacios más importantes (algunos siempre difíciles, como Capital; otros sorpresivamente esquivos, como la provincia de Buenos Aires) y quedó arrinconado y débil, mostrando las uñas ya por mero instinto de supervivencia. Tuvo que claudicar al dominio institucional de un partido como el PJ que, si hay algo que no admite, es una dirigencia perdedora. Esto comenzó hace poco más de un año. Antes de eso, las urnas que habían erigido a Cristina seguían frescas en el recuerdo y el Gobierno vivía la embriagadora primavera del triunfalismo post-electoral. Qué lejos aquellos tiempos donde Macri era solo un nenito encaprichado por manejar la policía porteña. Ahora, el que llora su chupetín caído al piso es otro.

++++++++++++++++++++++++++

La maquinaria de las candidaturas testimoniales quedó al descubierto con todas sus fallas. La intencionalidad K fue evitar deserciones forzando lealtades bajo la obligación de jugarse el cuero en nombre de un proyecto que cada vez les resultaba menos propio. No contó con el cinismo de quiénes aceptaron poner sus nombres a la cabeza de las respectivas listas distritales pero (por lo bajo o por lo alto) alentaron el corte de boleta para salir lo más indemnes posibles de una derrota que no estaba en los planes pero igualmente se temía. ¿Traición o necesidad? Todo dependerá desde qué lado del mostrador se mire.

++++++++++++++++++++++++++

¿Realmente cuánto le deberá De Narváez al Gran Cuñado, su “alica, alicate” y el paso de reggaeton? Tal vez ahí estuvo la clave que conmovió el voto del electorado más pobre, esas zonas del conurbano que el kirchnerismo creyó últimas trincheras de una imbatibilidad, a la postre, vulnerable.

++++++++++++++++++++++++++

¿Qué será del kicherismo de ahora en más? ¿Ganaron en la derrota, tal como quiso mostrar la Presidenta sumando los votos de todo el país? ¿O realmente se acabó una era en la política argentina, como declaman los referentes opositores? Serán tiempos de transición, donde el Gobierno buscará reagrupar fuerzas entre los escombros para volver a vigorizarse como fuerza política de cara a los dos últimos años de gestión. Es eso, o transitar la lenta agonía rumbo a la extinción. Sabemos que el que apuesta fuerte y pierde queda inexorablemente disminuido. Pero en la política (como toda en timba) la suerte no depende estrictamente de sus jugadores.

++++++++++++++++++++++++++

La performance de Pino Solanas impacta en la época más mediatizada de la política argentina. La campaña austera y su figura de viejo sabio le aportaron el halo épico a una figura en la cuál se proyectó ese reservorio de utopías e idealismo que el votante porteño sublima, esporádicamente, en candidatos de centro-izquierda. Pese a que fue probablemente el más sólido en el plano de las propuestas (en el recordado debate televisado fue al hueso con cuestiones ajenas a la agenda como las relativas a los recursos naturales), su proyección en las urnas se sostuvo más por cuestiones románticas que estrictamente intelectuales. ¿Logrará mantener ese fervor con una actividad parlamentaria intensa? ¿O será otro Luis Zamora irremediablemente destinado a patalear debajo del fuego cruzado entre los bloques mayoritarios?

++++++++++++++++++++++++++

Este fue un juego donde perdieron unos pocos y ganaron muchos otros: Macri, De Narváez, Reutemann, Cobos, Carrió, Pino Solanas, Juez. Hasta Solá, que aún en su papel de reparto dentro de una alianza ajena logró evitar el naufragio K. Pero las fotos centrales de la política no resisten el foco en muchas caras y el tiempo irá desparramando gente en el camino. ¿Quiénes sobrevivirán en este reality brutal de promesas de ocasión, abrazos de urgencia y traiciones de rigor? Difícil saberlo tan pronto, aunque bien podemos advertir que se avecinan tiempos de intensa pugna por poder.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s