Coloreando el Mundial

Comenzó Sudáfrica 2010, una inmejorable oportunidad para volver a tribunear y vender humo como en nuestra mejor hora.

*** Lo digo ahora para no hablar con el diario del lunes: no me gusta que Argentina juegue tres delanteros. En los tiempos que corren, la actitud de Tévez es conmovedora. Pero es un barullo. Su puesto no es el banco, sino desde él. Es cuando entraba con el partido ya andado que nos generaba buenos recuerdos. Claro que podrá funcionar como titular, pero no será méritos de quiénes lo reclaman de este lado de la tele sino de quién tomó la decisión de ejecutar la idea. Lo que fuere, lo sabremos en poco tiempo.

*** ¿Cuál será el primer jugador que le atribuya un mal partido al cotorreo de las vuvuzelas? Una gran idea para Bwin, indudablemente.

*** Como si se tratara de la guerra fría doméstica, el Gobierno y Clarín también aprovechan el gran acontecimiento para continuar su contienda. Desde Casa Rosada anhelan repetir la postal de 1986, con Diego y Bilardo blandiendo todo el brillo de la copa a través de sus balcones. Sería el broche de oro del bicentenario soñado, en vísperas de un 2011 definitorio en el que el Gobierno jugará su gran partido. El diario hizo saber que iba a seguir muy de cerca el mundial cuando se dedicó en extenso a hacernos saber la mano kichnerista en Hinchas Unidas Argentinas, esa especia de asociación panviolenta que pretendía “blanquear” el viaje de los barras al mundial. Después, fue a sentarse a esperar el momento justo para dar la estocada final: esos mismos barras se encargaron de hacer saber que habían llegado a Sudáfrica y solo fue cuestión de linkear los videos que los muchachos se encargaron de subir a YouTube. De repente, los grandes medios descubrieron que los negocios del tablón son sostenidos por importantes dirigentes políticos. Aunque nadie hizo tanto (o tan poco) como el propio Gobierno para que la noticia llegara a la casa de los indignados moralistas.

*** ¿Podremos salir campeones? Con Diego todo puede pasar. Esa es mi respuesta para sortear el compromiso de firmar el destino de la selección. Hoy, el fútbol está regido por factores de los más diversos, y algunos tratarán de justificar el fracaso del 2002 en los exigentes entrenamientos previos. Eso ya no es misterio, de modo no titubeo en mi (in)decisión. Ganarle la final a Brasil o no poder sortear los compromisos ante Nigeria, Grecia y Corea son pensamientos que conviven en nuestra mente sin ningún reparo. Pensar en eso no solo no me despeja nada, sino que también me agrega nuevas dudas. ¿España responderá con resultados tanta expectativa depositada? ¿Volverá a subsistir otra mezquina Italia a base de esa receta tan remanida como efectiva? ¿En África se podrá reivindicarse finalmente el continente terminando, quién te dice, entre los cuatro primeros? ¿Qué le dejará este mundial a Bielsa? ¿Veremos como, pese a haberles ganado en Munich poco antes del torneo, Alemania llegará a la final al igual que en otras siete finales? ¿O será otro monólogo de los que Brasil nos tiene acostumbrados? En un mes, las respuestas.

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