Yayo Guridi: toma 2

Lo que quedó afuera de esta entrevista al humorista Yayo Guridi. Estuvo diez años bajo el ala de Tinelli, y otros tantos buscando reconstruir su carrera por fuera de lo que él llama “burbuja de cristal”. Al cabo de varios intentos, hoy parece reivindicado públicamente a partir de su papel en Sin Codificar, un impensado éxito ATP en el legendario espacio de los domingos al mediodía que él sostiene a partir de sus múltiples composiciones humorísticas. En este rezago de primera mano, Yayo construye en primera persona lo que hoy es (incluso a su pesar) uno de los humoristas clave de su generación.

El inesperado éxito de Sin Codificar

Es lo más parecida a un milagro, porque nunca nos planteamos este tipo de programa. El proyecto original era tener a los capos del deporte al servicio del programa. Por ejemplo, Mariano Closs con cámaras en su cabina viendo como relataba el partido, móviles adentro y afuera de la cancha. Una producción  pretensiosa que llegado el momento de largar ni hubo nada de eso. Entonces hubo que llenar las 3 hs con lo que hubiere. Y asi el programa fue dando el vuelco.

También ayudó mucho estar en un canal de aire que nos permite dos horas para hacer lo que querramos sin que nadie nos hinche las bolas. Eso es muy importante y hay que cuidalo, como de no mearse en la cama. Es muy jodido encontrar un canal para laburar, y mucho más jodido es irse de uno y poder entrar en otro. Mirá Telefé, está más para poner una tienda de ropa que para seguir como canal.

La carrera amateur en Córdoba y el desembarco en Videomatch


En Córdoba había estudiado Economía en la Nacional. Me recibí en el ’88 y ejercí hasta el ’95, tanto en el sector privado como en el público. Al humor me dedicaba de manera amateur, y apuntamos todos los cañones a Buenos Aires porque estábamos cansados de tener que hacernos toda la movida. Pubs de córdoba, teatros independientes. Nos fuimos rebuscando, hasta que un día nos contactan de Telefé para ir a Ritmo de la Noche. Le agarramos la mano, al año siguiente nos confirmaron y entramos al equipo. Contrato en mano, nos instalamos en Buenos Aires. Éramos tres amigos, con quiénes hicimos Los Gauchos en Videomatch. Ellos, luego, se metieron en la producción: Bubu, en Showmatch, y el enano, con la publicidad, en el desafío de la blancura con Gianola o el desafío Actimel con Pancho Ibañez.

Chistes picantes y el cuarteto obrero: su explosión en el Universo Tinelli


Hay videos en YouTube que tienen millones de visitas y no ni quién carajo los habrá subido. Pero escapa a las pretensiones de uno. Solo se trataba de cumplir con un laburo determinado en una cámara oculta; jamás me hubiese imaginado esto ni tampoco fue la intención. Yo venía laburando varios años y nunca pasaba nada. De repente, delineando una cámara oculta, faltaba el momento del remate, del redondeo, hasta que un día comencé contar chistes subidos de tono en una mesa y la cosa explota. Empezamos yendo a programas muy formales, onda Pizarro, Embón, más políticos. La onda era romper el formalismo con el negro zarpándose al final de una ronda de chistes.

Después surgió el cuarteto y el negro se mandó a cantar. La mayoría de la música y letra la hacía Gustavo Paván, producto del ciclo. La idea era hacer reir a los compañeros, la víctima ni nos interesaba. Queríamos sorprendernos a nosotros. Muchas veces me tenía que levantar porque estaba tentado. Siempre hubo muy buena onda, teniendo en cuenta que nos veíamos las caras muchísimas horas. Sin embargo, nunca nada, ninguna historia.

¿Preso de un personaje?

No pienso en función de “uh, la llegada a la gente, fotos”. No espero una repercusión masiva ni llenar Vélez. Tampoco en quedar pegado a algo. Me chupa un huevo. Lo de los chistes y el cuarteto obrero salió, pegó, y se siguió sosteniendo porque esa es la lógica del programa: exprimir lo que funciona hasta el final. No fue por incapacidad de hacer otras cosas. No me creo preso de esa faceta mía, ni tampoco me creo un contador de chistes. Solo preparaba tres o cuatro para cada cámara oculta. Contadores de chistes son tipos que hacen un humor de excelencia, yo simplemente me dedico a divertir a la gente.

Nunca tuve esa pretensión. Era rematar una situación en una cámara oculta,  Esa era toda la pretensión. Explotó y no estaba previsto.Prefiero pensar en lo que tengo que hacer para el domingo, en vez de detenerme a analizar como una copetuda el espacio que ocupo en el humor argentino. Hay gente que labura para eso, hace lobby y se junta con gente un año antes para ver si les van a dar un premio. Poné la energía en el laburo que lo demás viene solo.

Por qué no funcionó la vuelta al humor del Showmatch ’09


La idea era festejar los 20 años de Videomatch haciendo en gran parte lo que hicimos en una época, pero el formato se agotó. La idea era ir a disfrutar, haciendo específicamente lo que querían de nosotros. No era andar rompiéndose los cuernos día a día viendo que nuevo se podía hacer. Salíamos solo algunos días, pero luego tuvimos que cubrir el hueco de Bailando Kids, que no había funcionado. No había material para estirar eso y la idea sufrió un desgaste. No daba para hacerlo tres veces por semana, sinceramente. Así fue que en  julio, cuando los números ya no acompañaban, se aceleró el proceso para volver al formato anterior, que es el que tiene ahora.

Sus imitaciones en Sin Codificar


No son composiciones muy logradas, la imitación en mi caso es un homenaje, o quizás una crítica. Me da el cuero medianamente para hacer algo, busco que sea divertido. Es una cosa que tocamos y salimos. En Gran Cuñado, por ejemplo, me enchufaban los personajes, pero ahora meto mano yo. Nunca quisimos bajar línea ni dobles mensajes. La tele de aire no está para pensar, para eso leé un libro, andá al cine, o mirá People & Arts. La gente mira tele para divertirse, sino, cambia de canal.

La forma con la que compongo las imitaciones, es muy simple: dame minutos para verlo, prendé cámara y vamos para adelante. No me da el cuero para otra cosa: puedo estar un mes entero mirando, que no me va a salir. Hay excelentes imitaciones que se diluyen porque no causan gracia. Yo prefiero que sea una imitación mediocre, pero con cosas para decir que sean espontáneas también.

Me entero que la que hice sobre Ricardo Iorio es una de las más vistas en YouTube y todo esto. Fue muy difícil hacerla, porque ya el discurso propio del tipo es muy divertido. Era jodido superar eso. Y después, lo otro: que el imitado lo tome con buena onda. Queremos hacerlo con respeto y buena leche, que es lo que está faltando en la tele. En ese sentido, siempre cayó bien: Ricardo Fort, Claudio María Domínguez, la Mole Moli.

El papo de Iorio era fantástico, solo había que excacerbarlo. Satirizar el ambiente de él, contraponerlo a la ciudad, “el cheto de Belgrano que pisa cada de perro y le tienen que cortar la pierna”, esas cosas.

Al loco, lo sigo. Me gustó mucho “Toro y Pampa”, el último de Almafuerte. Me gusta mucho la fusión el folclore y quisiera escuchar “Peso Argento”, un disco que sacó con Flavio de los Cadillacs y que es en esa onda. “Allá en Tilcara” es un temazo y me entró por ese lado. Que reivindique el interior del país, más viniendo de un tipo como él que es bicho de ciudad, me parece fantástico. que haya abierto el ojo para el interior me pareció fantástico. Se endiosa cualquier cosa de afuera sin saber lo que pasa en el interior. Que ese tipo haya tenido esa mirada, me parece sumamente respetable. Y, si algo faltaba para redondear, me entero que es amigo de Gieco. Para mí, es Diego y León.

Qué escucha quien canta

Ahora estoy en un ataque por los ’80, aunque a veces se cuela un poco de cuarteto y también me va el rock nacional vigente: Las Pastillas del abuelo, Guasones, Los Tipitos. Pero no le hago asco a nada: me encantan el Polaco Goyeneche y Julio Sosa, música que escuchaba mi viejo y que se grabó sin máquinas que falopearan el sonido. También Nino Bravo. Me gusta casi todo, salvo la electrónica. Mirá que le puse huevos, eh: tengo mis pendejos, que lo escuchan. Entre un motor de lavarropas y esta música, no veo la diferencia, así que vamos a decir que no la entiendo. ¡Aguante Pappo!

El otro día fui a ver al mostro de Mc Cartney, porque no se hizo el boludo y tocó lo que la gente quería. Pero me quedo con AC/DC, el año pasado en river. Fue fantástico, porque  me crié escuchándolos. Los descubrí a ellos antes que a los Beatles.

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