Aníbal Fernández: “Como todos los curas, me acuesto pensando en ser Papa”

Después de casi diez años al frente de varios ministerios, el actual Senador nacional volvió a Villa Gesell, donde tiene una casa y veranea ininterrumpidamente desde 1998. Entre retrucos y falta envido en el balneario Olal-lá junto a amigos, Fernández hizo un alto de timba y charló con El Fundador sobre su vínculo con la ciudad, los objetivos legislativos y el panorama político de este año.

“¡Quiero vale cuatro!”
“¡Quiero!… ¡solo para ver como mentís!”

El frondoso bigote de Aníbal Fernández se abre en dos, como un pesado telón, y por detrás emerge una sonrisa incontenible. Tiene un 7 de espadas, lo suficiente para romper dos manos pardas y apurar las buenas en un truco gallo que se había vuelto reñido. Por primera vez en casi dos décadas, el funcionario récord que sobrevivió a tres presidentes y a cuatro ministerios pudo darse el gusto de tomar riesgos en los juegos de naipes: tuvo todo el mes de enero para arrebatarse, perder puntos y buscar revancha al día siguiente en la “truquera”, el espacio que el parador Ola-lá armó entre medio de sus carpas para que los visitantes más frecuentes despunten el berretín de la timba al reparo del sol. “Siempre venía en enero, aunque solo los fines de semana, porque nunca podía tomarme vacaciones. Ahora pude estar todo el mes entero descansando. O, mejor, dicho, sin hacer nada, porque aún no puedo bajarme de la moto y sigo conectado a través del iPhone o de la computadora”, dice Aníbal, en su primera temporada geselina como Senador de la Nación, cargo que le permite atravesar el primer mes del año de reposo ya que el Congreso estila reanudar su actividad recién en febrero.

“La primera vez que vine a Gesell fue hace unos treinta años, pero de manera ininterrumpida lo hago desde 1998, cuando alquilé casa por primera vez. De ahí en más, vine siempre, hasta que pude comprarme una casa, por Barrio Norte. Lo elegí como mi lugar de vacaciones porque me encanta. Tengo mis lugares a los que voy a comer y a pasar momentos agradables, y como soy medio conservador con esas cosas, di la vuelta como los perros y lo elegí”, cuenta uno de los personajes más intrigantes y coloridos de la política argentina contemporánea. Cuando Néstor Kirchner lo recobró del gabinete duhaldista para alistarlo a su propia tropa en aquel agitado 2003, muchos le vaticinaban un futuro escaso: su parada altiva y su verborrea soberbia y filosa parecían una provocación a tiempos que sugerían posturas moderadas y perfiles más modestos. Ni el agorero más benévolo hubiese sospechado que ese hombre de alta exposición mediática iba a convertirse en el funcionario que más tiempo conservó rango de Ministro en la historia argentina.

“Tan salame no debo haber sido”, dice, con picardía y orgulloso, este contador y abogado quilmeño convertido en uno de los portavoces más sólidos que el kirchnerismo ha tenido, incluso, en las épocas más turbulentas. “Comer. ¡Mi actividad favorita en Gesell, es comer!”, apunta, aunque aclara: “Ojo, soy un tipo recontracuidado y acabo de almorzar un plato de frutas, pero me gustan los pescados y los mariscos, y cuando vengo a Gesell, aprovecho”.

– Tras casi diez años al frente de diversos ministerios, asumió como Senador en diciembre pasado. ¿Le hubiese gustado seguir en el Poder Ejecutivo?
– Yo ya fui Senador, en 1995, aunque provincial. Esa vez, era uno más que iba en una lista y que trataba de llevar las cosas de la mejor manera que podía, aunque una revista especializada me eligió el mejor senador del año. En esta oportunidad, en cambio, me lo pidió presidenta, que a su vez es la jefe del movimiento nacional peronista, y para mí es un orgullo que ella me pida que vaya a cumplir una función específica en el Senado, cosa que estoy haciendo. Soy un laburante al que nunca le falta trabajo, porque me lo invento yo, así que voy a seguir teniendo un montón de cosas por hacer. Me voy a dedicar a hacer esa tarea, de la que no tengo ninguna intención de morigerarla. Al contrario: voy a seguir llegando a las 6.30 de la mañana, como todos los días, para dedicarme a la parte legislativa y al enlace con el Poder Ejecutivo que yo pueda llevar a la práctica.

– ¿Qué opina de la ruptura pública de Moyano cómo peronista, como miembro del gobierno y como amigo personal de él?
– Yo soy amigo de él desde hace muchos años, pero si hay cosas en las que no estoy de acuerdo, las voy a decir. No estoy de acuerdo con el paro que hicieron los judiciales unos días antes de que empezara la feria ni con el que pretendió hacer la gente de la AFIP. No niego que tengan derecho a reclamar los suyos, pero cuando vos tenés un estado promotor como es el argentino, donde hay una mesa en la que uno puede sentarse a discutir las cosas que le importan y a reclamar las que necesita, suena torpe que uno permita que se hagan paros de esas características. La columna vertebral del movimiento nacional peronista, conducido por Cristina, son los trabajadores, y si ella no fuese la Presidenta estoy seguro que no existirían las convenciones colectivas de trabajo. Nuestro objetivo es concluir con el crecimiento armónico de todos los sectores, buscando la forma de que los más postergados se pongan a tiro. En determinadas cosas no coincidimos con Moyano, pero tampoco minimizo la discusión. Yo dije, en su momento, que la discusión que ellos estaban planteando era más para concentración de poder político que otra cosa. No tenía mucho que ver con la pelea por los derechos de los trabajadores.

– ¿El kirchnerismo supone es una continuidad del peronismo, una superación o una ruptura?
– El peronismo es el peronismo. Nosotros somos un movimiento nacional y popular creado por Juan Perón, que ha encontrado en Néstor y Cristina a quienes mejor lo han interpretado en toda su época, sacándolo a Perón, naturalmente. Nunca se caracterizaron ellos por mencionarlo en sus discursos, pero sí en llevar a la práctica sus políticas, que toda la vida nosotros reivindicamos como propias. Esta es la posición más dura y más fuerte que sostiene el peronismo, y dentro de eso está el kircherismo, pese que a Néstor no le gustaba hablar de tal, y que tiene que ver con aquellos que no provienen del peronismo, sino de otras fuerzas, y que participan con nosotros de la mejor forma que pueden. Ese sería el kirchnerismo, que no es una ruptura del peronismo sino más bien una sumatoria de fuerzas que suman a una misma propuesta política.

– ¿Las tensiones internas son parte del kirchnerismo?
– ¡Son tensiones del crecimiento y no hay q temerle a ellas!. Cuando no tenés nada para repartir, todo el mundo se queda callado. Pero cuando hay cosas para repartir, cada uno reclama lo propio para sí. En este caso, estamos discutiendo del crecimiento. Cuando cada uno de los gremios, o un trabajador, o un generador de un producto, o el campo, o quien sea discute lo propio, hay cosas que pueden ser criteriosas y otras que no. Las que no lo son, se descartaran, y a las otras habrá que prestarle atención porque, en definitiva, el crecimiento va a generar ese tipo de tensiones, que son absolutamente saludables.

– En el escenario actual figuran la CGT y La Cámpora reclamando y ostentando espacios de poder. ¿No se está repitiendo una vieja dicotomía peronista entre el movimiento gremial y grupos de representación juvenil?
– No hay dicotomías. La juventud vuelve a la política, y cada vez que eso sucede estamos ante la presencia de un viejo-nuevo enemigo. Esto lo grafico en mi segundo libro y  se ve en la cabeza del trastornado de Mariano Grondona, que inventa el tema de las juventudes hitlerianas o ese pensamiento berreta, sin ser capaz de comprender que si los pibes se prenden en la política, es porque quieren discutir poder. La realidad es que el pibe tiene una conciencia muy distinta a la que asumimos nosotros cuando nos ponemos un poquito más maduros o centrados, si se quiere, en términos de la política. El pibe quiere poder para colisionar contra el poder real y el poder real no es lo mismo que el formal. La gran lucha que genera Hipólito Irigoyen y que desemboca con la Ley Sáenz Peña es poder separar, justamente, ambos poderes, aunque de todos modos el real seguía estando dentro del formal, ya que él mismo tuvo cinco ministros terratenientes. Perón fue el primer en separarlos, y eso lo volvés a ver recién con Néstor y Cristina,

¿Se puede definir o conceptualizar al poder real?
– Se puede consolisar, en tal caso, porque vos construís un pedacito todos los días para llegar al punto que estás buscando. Cuando Néstor empezó, no tenía nada para dar, solo un manojo de palabras, y eso fue lo que lo hizo más grande, porque pudo empezar a construir de la nada lo que todos tenemos hoy, no es que nació de un día para el otro. Cristina tuvo y tiene la habilidad de consolidar lo que Néstor armó en términos de la proyección de Argentina hacia el resto de la región y del mundo, ampliando aquel ABC del que hablaba Perón, refiriéndose a Argentina, Brasil y Chile. Hoy, logramos algo más ambicioso con el Unasur y la Celac, metiendo a todos adentro de una discusión que dio sus frutos. El Unasur, por ejemplo, discutió el intento del golpe de estado de Bolivia en Chile, el de Ecuador en Argentina, y la guerra de Colombia y Venezuela. La Celac, por su parte, acompañó el reclamo de Argentina por la soberanía de Malvinas. Si tenés esa grafica bien clara, podés darte cuenta entonces que si no te sentás como grupo, no podés ni mirar por la ventana. Esa es la discusión que se esta dando respecto de la concepción de poder real y Cristina es una de las voces que más fuerte habla en esos lugares.

– Se proclamó fanático de la serie El Puntero. ¿Algo que ver con la realidad?
– No tiene nada que ver. Yo soy un admirador enorme de Julio Chávez y, a su vez, amigo de Rodrigo de la Serna. Una vez me lo crucé y le dije que varios de los personajes que hacen, existen. El personaje de él, existe, al igual que los de Gabriela Toscano existe o Luis Luque. El q no existe es el de Chávez (N: el puntero, propiamente dicho). Lo que pasa es que es una delicia verlo a él, cualquier cosa que haga es buena. Pero con el afán de denostar a la política se dicen un montón de pelotudeces que no tienen ni pies ni cabezas. Cosas sin sentido, como darle a un puntero la licitación de remedios. A mí no se me ocurriría pensar que alguien le puede ceder una licitación a un puntero, menos aún de remedios. ¡Es una estupidez rayana con la locura!

– ¿Reformar la actual Ley de Drogas es uno de sus primeros propósitos como Senador?
– Tengo mi proyecto de ley terminado y lo voy a presentar en marzo, aunque no quiero contar de qué tratar porque estaría adelantando un debate y no tiene sentido. Yo fui a la Convención de Estupefacientes en Viena siendo Jefe de Gabinete de Ministros diciendo que Argentina iba a cambiar su paradigma. Nosotros no vamos por los perejiles. Argentina no puede estar trabajando con una política represiva y dejando de lado los Derechos Humanos de segunda generación. Nosotros vamos por la salud del consumidor recreativo, abusivo o adicto. También vamos por el tipo que vende mugres, aunque son  dos cosas bien separadas. Estas políticas represivas las inventa Nixon, y López Rega las compra acá. En 1988 se saca una convención internacional y un año después Argentina hace la actual ley de drogas. Eso es lo que no va más, porque no bajaron una sola red de narcotráfico, ni un solo índice de consumidores. ¡Basta, loco, esto no funciona más! No metas preso a un pibe por fumarse un porro. Mejor, ayúdalo para ver como lo sacás. Hablemos de reducción de daños, si es necesario: si un pibe está fumando paco, sácalo de eso y pásalo a la marihuana, así lo tenemos ahí hasta poder sacarlo. Va a ser mucho más simple que hacer estupideces tales como meterlo preso, porque después la novia, la familia, un amigo o un chorro que está de ‘cobani’ o de cuidador le termina vendiendo adentro. Nadie deja de consumir adentro de una cárcel, entonces no seamos estúpidos y vayamos por las pirañas, que son los generadores de lo que está consumiendo la juventud argentina.

– ¿Qué concepto le queda de la Policía Federal, cómo organización, tras haberla dirigido durante cinco años?
– Es una fuerza de seguridad con 40 mil hombres y mujeres. En la Argentina hay más de 3500 pueblos que no superan los 10 mil habitantes. Si uno de ellos está lleno de virtudes y de miserias, ¿vos creés que la policía puede evitar tenerlas? ¡Las tienen como las tienen todos! La misión es ocuparse, preocuparse y trabajar para sacarlos a la mierda.

– Acaba de editar su segundo manual de Zonceras. ¿Va a seguir haciendo libros?
Sí, no pienso dejarlo. El segundo es más piola, porque en el primero nos fuimos de mambo con datos duros que, luego, entendimos que no eran necesarios. Escribiré sobre otras cosas, no voy a parar. Tengo algo en la cabeza, pero no lo voy a contar.

– ¿Tiene alguna ambición política personal?
– Cafiero decía que todos los curas se acuestan pensando en ser Papa. Yo también.

(Publicado en el Semanario El Fundador de Villa Gesell)

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