Marcelo London: “Es imposible entender el ‘Mundo Boca’ sin vivirlo por dentro”

Aunque los flashes alumbren a las figuras de siempre, ese monstruo inmenso llamado Boca Juniors se sostiene también con personas que trabajan por fuera de las altas exposiciones mediáticas. Íntimo de Carlos Bianchi, amigo de Mauricio Macri y confidente de Daniel Angelici; Marcelo London es uno de los directivos clave de la era moderna del club. Historias, intimidades, internas, vestuario, anécdotas, finanzas, polémicas, revelaciones, confesiones y fútbol… en una entrevista imperdible.

“Pasan los años, pasan los jugadores, pasan los dirigentes”, dice un viejo cantito que La 12 blande como grito de guerra cuando la situación, creen ellos, lo amerita. A Marcelo London, sin embargo, esto no parece identificarlo demasiado: desde que ingresó en la Subcomisión de Tango, bajo la presidencia de Antonio Alegre, jamás abandonó su rol directivo en Boca. Empresario farmacéutico por profesión, London adquirió relevancia pública como uno de los dirigentes clave del club a partir de su fuerte vínculo con Mauricio Macri y con Carlos Bianchi, bajo cuyas gestiones se hizo cargo del Departamento de Fútbol Profesional. Es decir, del manejo de transferencias, contratos, primas y sueldos de los jugadores que luego se convirtieron en emblemas de la mejor era deportiva del equipo xeneixe. “Es un puesto muy importante, porque Boca es fútbol”, describe. “Convivís todo el tiempo con los jugadores, en los entrenamientos, en los viajes, pero no hay que hacerse amigo de ellos, sino generar un respeto mutuo, porque luego hay que sentarse a hablar de dinero y es difícil”.

Su permanencia en las sucesivas presidencias se interrumpió el año pasado, cuando abdicó a su función en Fútbol Profesional (aunque siguió integrando la CD) tras varios diferendos con el ex presidente Jorge Amor Ameal. En las recientes elecciones acompañó al ex tesorero Daniel Angelici (a la postre, vencedor), con quien se manifestó, en su tiempo, en contra de la renovación por cuatro años de Juan Román Riquelme. “Quería renovarle, por supuesto, pero solo por dos años, para evaluar en ese entonces como esta el jugador en ese momento y dejar una puerta de escape para él y para el club”, recuerda.

– Se habla comúnmente del “Mundo Boca” para describir la magnitud de la vida institucional del club. ¿Cómo describirías ese concepto?
– Es imposible entenderlo si no lo viviste, pero te das cuenta cuando vas al Interior y ves como la gente se desespera por ver a jugadores que rara vez tiene cara a cara. Lo mismo con jugadores que eran patrones en otros equipos y tardaron meses en adaptarse. Le pasó a Rolando Schiavi cuando vino en 2001. Después, jamás le pudimos encontrar reemplazante, y aún así nos costó repatriarlo. Yo hacía tres años que venía hablando con él para volver a traerlo, y cuando volvió yo justo me había ido. A veces es difícil cerrar un acuerdo con un jugador, porque el técnico de turno tiene sus preferencias. En la época de Borghi, por ejemplo, tenía arreglado con Independiente cambiar a Leandro Gracián por el arquero Hilario Navarro, pero el presidente prefirió darle el gusto al técnico y traer a Cristian Luchetti, ya que según él le convenía para su idea de jugar con línea de tres. Esa fue una de las peleas que tuve con Amor Ameal, porque si el entrenador se va, te comés todos los refuerzos, que fue lo que terminó ocurriendo. Me acuerdo que cuando vino Borghi yo había propuesto a Blas Giunta, con el apoyo de Bianchi. Creíamos que era lo correcto porque era un tipo del riñón del club y, además, había madurado como técnico después de tantos años en Almirante Brown. “¡Boca no es difícil, sino Almirante Brown, donde no tenés ni pelotas para entrenar!”, decía. No tengo ninguna duda que con Giunta salíamos campeones mucho antes.

– ¿Cómo es relacionarse laboralmente con futbolistas que son millonarios?
– Los jugadores, en su gran mayoría, no vienen de hogares con mucha preparación. De repente llegan a Boca, se hacen famosos, todos les piden fotos, adonde van no les cobran… a veces eso los resiente y pagan las consecuencias. Yo soy de hablar mucho con los referentes del plantel, como Schiavi, Roman (Riquelme), Sebastian (Battaglia), o Martín (Palermo) en su momento. A los chicos trato de aconsejarlos, porque algunos podrían ser mis hijos. Una vez me dijeron que uno estaba saliendo de noche, entonces lo agarré y le dije: “Mirá, pendejo, me contaron tal cosa. Estás en Boca y, si te va bien, aseguras el futuro tuyo, de tus hijos y de tus nietos. ¿Vas a arruinar esta oportunidad por una pendejada?”. Me prestó atención, corrigió los errores y encaminó su carrera. Hoy, los jugadores entran al vestuario, escriben a Twitter y se generan puteríos. Son cosas que hay que ir corrigiendo.

– ¿Viviste alguna situación de tensión con el plantel, producto de diferencias económicas?
– Uno de los aciertos más grandes de Maurico (Macri) fue haber dividido los porcentajes de lo que se gana en la Copa Libertadores según las etapas. En la primera fase, por ejemplo, el 35% es para el plantel y el 65% al club. Luego, esa proporción va cambiando hasta llegar a la final, donde los jugadores se quedan con el 55% y el club con el 45%. El pago es por objetivo cumplido, y una vez hubo un conflicto por esto en las semifinales de la Copa del 2001, contra el Palmeiras. Boca definía la serie en Brasil, y como los jugadores estaban en desacuerdo, postergaron el viaje. Al final, fueron, se pusieron 2-0, nos empataron 2-2 y terminamos ganando por penales. En el vestuario se pintaron camisetas con mensajes alusivos y fue un momento picante. Después, terminamos ganando esa Copa, contra el Cruz Azul, en otra final con penales.

– Riquelme siempre recuerda que en esa época el vestuario estaba más dividido que ahora. ¿Es cierto?
– Es cierto, aunque también es verdad que en aquel entonces, Riquelme y Palermo tenían diez años menos que cuando Román dijo esa frase que vos decís. No es lo mismo un jugador de 22 años que de uno 32, con experiencias en Europa, pasos por la Selección y otras personalidades.

– ¿Fue un error haberlos hecho coincidir tanto tiempo a Palermo y Riquelme en esta etapa en la que Boca ganó tan poco?
– No, no lo creo. Cada uno de los dos saber bien lo que le dio al club y lo que el club les dio a ellos. Tal vez, ellos tendrían que haberse encerrado en algún momento y decirse las cosas en la cara, pero a esta altura ya no tiene sentido hablar de eso, teniendo en cuenta que Palermo está retirado y Román transcurre la última mitad de su contrato.

– ¿Es tensionante ser dirigente?
– La reflexión que tuvimos con Bianchi en su etapa como manager fue que los años en los que no ganamos nada taparon todos aquellos en los que ganamos todo. Cuando no se dan los resultados, es una catarata de problemas. La gente se enfurece, te llueven las puteadas, la carga es inmensa. Veníamos de una época en la que estábamos tan dulces dulces que estuvimos 39 partidos invictos, ¡y el día que perdimos, salimos campeones! El 2010, en cambio, fue un año muy triste, de llegar a casa de mal humor, porque creíamos que hacíamos las cosas bien pero nada nos salía. El fútbol le cambia el ánimo a la gente, sin dudas.

– Cuando descendió River, Boca venía de malos tornos. ¿Tuvieron miedo de ir rumbo a eso?
– Miedo, no, pero no estaba de más estar atentos. Sabíamos que, en algún momento, el equipo tenía que salir adelante. Nadie te iba a discutir cuando trajiste a Cellay, Insaurralde o a Erviti; todos venían de buenos rendimientos en sus equipos. Cuando compramos a Jesús Méndez, venía de haber sido el mejor jugador del campeonato, jugando para Central, aunque el famoso “Mundo Boca” lo absorbió y jamás se pudo adaptar.

– ¿Cómo está el club, financieramente?
– Boca es una máquina de facturar, jamás tendrá un problema económico en la medida que mantenga una administración ordenada. Tiene la camiseta más cara: el patrocinio se vende a cuatro millones de dólares por año, y la manga a un millón, tiene 60 mil socios, las plateas más caras, además de los ingresos por publicidad y cocheras. El club tiene un balance de 300 millones de pesos. Igual, si no vende jugadores, es un club deficitario, porque tiene una estructura de empelados y gastos fijos de todos los meses. Boca no es la excepción, aunque es el club que más recursos genera.

– ¿Cuáles son los objetivos institucionales de Boca este año?
– Queremos tomar una medida definitiva con el estadio, porque cuando se resuelva que todo el público debe estar sentado, nos quedará chico. Intentaremos hacer el último intento por comprar las dos medias manzanas que permitirían cerrar el círculo de tribunas, aunque eso es muy difícil. La otra opción es comprar las dos manzanas linderas a Casa Amarilla y construir un nuevo estadio, un megaproyecto que demandaría un gasto de 200 millones de dólares para el cuál deberíamos acudir a empresas que le pondrían el nombre, tal como sucede en Europa. Algo al respecto tenemos que hacer.

– ¿No fue un error haber traído a Bianchi de manager y someterlo a semejante desgaste?
– Viendo como terminó, sí. Yo soy de la idea de que tiene que haber un manager, pero no de la tamaña figura de Bianchi. Yo siempre digo que tenías a un Papa en la oficina, y a todos los sacerdotes y, por supuesto, todos querían ver al Papa. Todo el mundo le decía “dirigí, Carlos”. Eso debilitaba a los técnicos de turno y, a la larga, lo terminó debilitando a él, porque para demostrar que no se iba a quedar con el puesto del técnico tuvo que terminar renunciando.

– ¿Volverá a dirigir Bianchi?
– Yo hablo con el todas las semanas, y tiene ganas de hacerlo. Desechó muchas ofertas millonarias para dirigir afuera y en el único club que dirigiría en Argentina es en Boca, salvo que Vélez esté por irse a la B, cosa que jamás va a suceder. Ojalá que nunca agarre Boca, eso significaría que al equipo le está yendo bárbaro. Pero nunca se sabe: en el futbol mandan los resultados.

(Publicado en el Semanario El Fundador de Villa Gesell)

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Una respuesta a “Marcelo London: “Es imposible entender el ‘Mundo Boca’ sin vivirlo por dentro”

  1. CHE PELADO MENTIROSO SI VOS SOS AMIGO DE MAURICIO MI CULO ES UN FLORERO, DEDICATE A LA MANDANGA Y BORRATE DE BOCA TAHUR BOCHIN LUSTROSO Y COIMERO,

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