A wonderful year

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Había terminado el 2010, un año consagratorio para Maravilla Martínez. Protagonizó uno de los nocáuts más espectaculares de la historia del boxeo, consiguió dos títulos mundiales en Medianos y fue elegido el boxeador del año por muchos especialistas. Fue el quiebre de su carrera: comenzó a convertirse en un púgil taquillero para el megamercado de peleas televisadas, y también en un adversario evitado por sus colegas más renombrados. Pero, como comienza esta nota de enero de 2011, para muchos argentinos, en ese entonces, decir Sergio Martínez era lo mismo que decir Juan Pérez.

Entrevista publicada en Revista Un Caño, Enero de 2011

Para muchos argentinos, decir Sergio Martínez es lo mismo que Juan Pérez. Al menos, para los que diez años antes pretendieron calmar la ansiedad del campeón nacional welter sugiriéndole que se buscara otro trabajo. “Fue el 27 de octubre, después de una pelea contra Sergio Acuña en la que defendí mi título”, recuerda Martínez con precisión enciclopédica. “Me habían dicho: ‘si ganás bien, seguramente tendrás una oportunidad pronto, te conseguiremos un combate importante. Fue KO en el séptimo round, tal vez una de las mejores peleas que había hecho hasta el momento… y lo único que tienen para decirme es que me busque un trabajo. Estaba en el vestuario, feliz por haber ganado, y me pareció ridículo, una falta de respeto. Me sentí dolido, como cualquier deportista o persona en general que intenta ganarse la vida de la mejor forma. ¡Ni me imagino lo que me hubiesen dicho si perdía esa pelea!”.

Pasaron casi ocho años desde que el boxeador decidió mudarse a España, comenzando un autoexilio que con el tiempo fue ampliando sus dominios: Europa, México y, finalmente, Estados Unidos comenzaron a habituarse en sus recorridos. Había comenzado el 2010 con una reciente derrota en las tarjetas ante el ex campeón Welter y Mediano Paul Williams y apenas le bastaron dos peleas para redondear un año insuperable, resolviendo la revancha con un memorable nocáut apenas comenzado el segundo asalto y, además, arrebatándole a Kelly Pavlik las coronas Medianas del Consejo y de la Organización y Mundial de Box, entidad que en estos días seguramente lo ungirá como mejor guante del año en su tradicional encuesta.

Maravilla está escribiendo historia en la misma categoría y versión que el propio Carlos Monzón, con todo lo que esta analogía pueda implicar. La diferencia insalvable es que uno, al menos, pudo hacerla a mano de su Santa Fé natal. Martínez, en cambio, comenzó su despegue justo cuando la Federación Argentina de Box le quitó su presea local, en clara toma de posición frente al díscolo púgil que había decidido romper relaciones peleando en España bajo otra licencia. “No quise ser parte de un sistema en el que los pobres boxeadores siempre sufren”, dice Sergio. “El boxeador va a hacer picadillo con su propia carne y cobra lo que un señor le dice que le va a pagar. Eso es esclavitud, y me parecieron unas reglas muy déspotas e hipócritas que no quise aceptar”.

Imposibilitado de competir en Argentina, comenzó a pelear en el exterior. Tras un parcial de 14-0 entre España e Gran Bretaña, hizo en 2007 un exitoso desembarco por arenas estadounidenses. Un año después obtuvo el cetro superwelter, al que luego abdicó para militar en los medianos, reocupando el espacio vacante el filipino Manny Pacquiao ante Antonio Margarito, en otra de las grandes peleas del año. No por nada, ambos encabezan todos los rankings libra por libra junto a Floyd Maywather Jr.

Por necesidad, su brillante carrera crepitó al calor de otro hemisferio, pero hasta la misma Federación Argentina de Box que alguna vez le dio la espalda tuvo ahora que concederle su premio al mejor púgil del año. Un reconocimiento tan merecido como sorpresivo. Ni Martínez la pudo creer: “Es incomprensible. Cuando no todo te va bien, te quedás completamente solo, pero cuando estás mejor todos se quieren agarrar. Pero es normal, son las reglas del juego y las acepto”.

– ¿Habías planeado hace un año el 2010 que finalmente te salió?

– Realmente no, pensá que comencé el año cerca del puesto 50 en el ranking libra por libra, y hoy algunas entidades me ponen apenas por debajo de Pacquiao. Buscaba una revancha con Paul Williams y un título grande. Por suerte, conseguí las dos cosas a través de dos grandes peleas.

– Por su estética y su eficacia, el golpe final a Paul Williams fue elegido por muchos especialistas como el nocáut del año. Una maniobra de esas que quedarán en la historia, aunque en su momento fue tan veloz que es necesario verla en varios planos y a distintas velocidades para apreciarla en toda su dimensión. ¿Eras conciente de todo eso ni bien terminaste el golpe?

– En el momento del golpe me costaba asimilar que lo había noqueado, porque Williams no es la clase de boxeadores que caen a la lona con facilidad. Ví que cayó desplomado y que era difícil que se levantara, pero había que estar atento de todos modos. Incluso aún hoy no tomé demasiada conciencia de lo que fue, tal vez eso suceda con el tiempo. Eso sí, no dejo de verlo y de encontrarle defectos. En todo caso, me quedo con el triunfo ante Pavlik, porque era campeón de tres coronas y significó el rival más importante de mi carrera.

– Experimentaste recientemente en varias categorías. ¿Alguna resulta de tu preferencia?

– La Superwerlter me sentaba muy bien, pero en Medianos me encuentro pleno. Hasta ahora, es donde mejores respuestas tengo y donde mejores combates estoy haciendo. Si bien contra Pavlik me sentía muy pequeño físicamente, estoy pegando duro, no pierdo velocidad y me siento a gusto.

– ¿Influyó en esta decisión el hecho de que los Medianos sea una de las categorías más atractivas deportiva y económicamente?

– Puede ser. Me daba mejores posibilidades a futuro, no cabe dudas de eso. Siendo campeón mundial en Medianos puedo pactar pelear con tipos como Floyd Mayweather o Miguel Cotto, que es un grande y al que estoy esperando ansiosamente a que se decida a subir de categoría.

En la agenda de Martínez figura una cita urgente y decisiva: el 12 de marzo (de 2011) se estrena en el Madison Square Garden ante Sebastian Zbik, un invicto alemán que ganó las 30 peleas que realizó. Se pondrá en juego el cinto de diamante, un invento del CMB para jerarquizar combates de elite que, en este caso, confronta al titular de los Medianos con su interino. Será la tercera defensa de Maravilla como rey de la categoría, en cuyo éxito radicarán las negociaciones por los siguientes combates. Sergio, mientras tanto, le echa mirada al podio del ranking libra por libra: “Con Mayweather podemos pactar alguna categoría y llegar a un acuerdo. Es una pelea que posiblemente pueda hacerse pronto, de acá a un año, tranquilamente. Lo de Pacquiao lo veo difícil, porque él se estira a 150 libras pero yo no puedo bajar menos de 154 porque me muero”.

– Tenés casi 36 años y se te ve físicamente óptimo. ¿Cuántos tiempo creés que te queda en la cuerda?

– Imagino que podría hacer unas cuatro peleas grandes, eso serían dos años más. Luego me plantearía mi continuidad. Me siento pleno y vengo haciendo una carrera positiva, así que no veo el motivo de estirarla más de lo que correspondería. También tengo otros emprendimientos y no quisiera estar tantos años en el boxeo.

– ¿Volverías a Argentina? ¿Cómo ves el país a la distancia?

No sé si volvería a vivir. Sí lo hago de visita, cada vez que puedo, aunque a lo sumo sean dos veces por año. Yo me fui en el 2002, en un momento social y político muy difícil de Argentina. Hoy lo veo mejor, por supuesto, pero sigo sintiendo una pena enorme. España está atravesando una crisis y seguramente es de los países europeos que más la sufre, pero aun así las diferencias con Argentina son grandes.

– ¿Todavía seguís soñando con pelear en el Luna Park?

– Fue el sueño de toda mi vida y lo sigue siendo, pero, sinceramente, lo veo inviable. No tanto por lo económico, porque de eso se encargaría la televisación, pero para ir a pelear a Argentina necesitaría apoyo federativo también. No sé si yo solo me habré cerrado las puertas yéndome a otro país.

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