Están hablando del faso

ImagenLa Agencia Mundial Antidopate (AMA) presentará un proyecto tendiente a disminuir las sanciones a los deportistas que consuman drogas “sociales” como la marihuana. El control antioping entraría así en una nueva etapa histórica.

(Publicado originalmente en Revista Un Caño)

Por Juan Ignacio Provéndola

“Vamos a redactar uno más claro en su lenguaje, más corto en su longitud y con artículos más fuertes”, asegura un portavoz de la Agencia Mundial Antidopaje. Después de haber recibido “casi 4 mil sugerencias”, la organización que decide lo prohibido y lo permitido del deporte internacional planea redactar un nuevo código que será sometido a análisis en la ciudad de Johannesburgo en noviembre próximo. El nuevo texto, aseguran, establecerá “periodos más largos de inhabilitación para los tramposos de verdad y más flexibilidad en las circunstancias específicas”. Más allá de toda la alharaca reformista que los guardianes del orden químico pretenden insuflarle a sus cuestionadas políticas prohibicionistas, subyace en todo esto un punto que depositará inusitada atención en el próximo concilio del organismo. Es aquel que tiene que ver con la posible flexibilización del consumo de marihuana como hecho punible en la práctica deportiva profesional, algo que la AMA sugirió en una reunión mantenido hace poco más de un mes en su sede central de Montreal. Allí, algunos dirigentes revelaron la intención de incrementar diez veces el límite de THC permitido en sangre y fue tal el revuelvo generado que la AMA rápidamente hizo circular un comunicado en el cual aclaraba que “la marihuana es una sustancia prohibida en los controles de competición y permanecerá en la lista, aunque nunca estuvo prohibida fuera de competición”.

Entre los motivos que ocasionan esta sensible revisión resaltan el interés por condenar a los deportistas que consumen sustancias con el claro fin de obtener ventajas desleales, los gastos desprendidos de las contrapruebas en dopings por THC o bien la permanencia residual de la marihuana en el organismo durante un largo tiempo que da como resultado el llamado “falso doping”, es decir, un positivo por sustancias que fueron consumidas mucho antes de la competencia. También recordaron los casos de atletas con THC en sangre que declaraban haber inhalado de manera involuntaria el humo ajeno en eventos privados o lugares cerrados, tal como juró y perjuró el snowboarder canadiense Ross Rebagliati luego de convertirse en el primer positivo por marihuana en la historia de los Juegos Olímpicos de Invierno. Es por eso que la AMA irá testeando resultados, en virtud de los cuales “el umbral podrá ser examinado y cambiado en cualquier momento”, según indicó el comunicado en cuestión.

Aunque la AMA (conocida mundialmente como WADA, su acrónimo en inglés) se jacte de independiente, siempre trató de afinar en el tono del escenario político que, en definitiva, constituyó su génesis y modeló su naturaleza. El canadiense Dick Pound, su fundador, fue un halcón en la lucha contra el dopaje y así lo demostró cuando (en calidad de vicepresidente del Comité Olímpico Internacional) bregó para que su compatriota Ben Jonson sufriera en 1988 la mayor sanción posible tras hallarse restos de un anabólico en un control. La composición humana y financiera de la AMA proviene del COI y de gobiernos de la Unión Europea, lo cuál arrima dos datos sugerentes: por un lado, la necesidad de preservar los intereses financieros del establishment deportivo al que representa el COI; por el otro, sintonizar las políticas antidrogas de gobiernos que interpretan el ortodoxismo del prohibicionismo frente al aperturismo insinuado en América. Por eso, además de perjudicar a la salud y ofrecer una ventaja desleal (atributos comprobables a la luz de la ciencia objetiva), la AMA considera históricamente un tercer elemento para definir una sustancia como prohibida: el de vulnerar el espíritu del deporte. Un requisito poco riguroso y en exceso subjetivo que alentó polémicas de diversos colores y olores. Menos dulces que pútridos: ¿un ocasional fumador de marihuana perjudica el espíritu del deporte o, en verdad, atenta los intereses de las grandes marcas que se apropian de figuras resonantes a través de contratos millonarios para modelar una imagen de pulcritud y ejemplaridad?

Cuenta la historia no asumida que las sustancias prohibidas fueron otra de las tantas consecuencias de la Guerra Fría. Los estadounidenses desarrollaban esteroides mientras los soviéticos abusaban de testosterona con un rigor de trinchera que les aseguró a ambos países el predominio en el medallero desde los Juegos Olímpicos entre 1952 y 1972, lo cuál obligó al COI a tomar las riendas en el asunto. Recién mucho después la AMA combatió a las llamadas drogas sociales, solo para satisfacer la presión política de los estados que tenían representación en su consejo directivo. Pero se encontraron con un problema: éstas comenzaron a encabezar los rankings de positivos y reconvirtieron a un organismo creado para evitar trampas deportivas en un ente represivo de conductas privadas, lo cuál generó protestas de las organizaciones sindicales que defienden el derecho a trabajar de aquellos deportistas sancionados por comportamientos de su esfera íntima. La espera, no obstante, seguirá siendo amarga: de ser aprobada en noviembre, la modificación en cuestión recién tomará vigencia en 2015. Mientras tanto, la estadística antidopaje seguirá siendo rellenada por fumadores de marihuana mientras los laboratorios continúan sintetizando químicos que nunca salen en los controles.

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