Luis Ventura: “Acá, la verdad sobre la droga no se puede contar”

Luis Ventura

Alguna vez, hice para THC esta entrevista que al final no fue publicada.  Era el pleno auge de Bailando por un sueño y la televisión se había convertido en una exhibición obsena de violencia verbal, sexual y moral, disimulada ridículamente por el tono lúdico que le daba la competencia de baile. Todo valía en la medida que fuese en función del juego. Un juego con reglas perversas, por cierto,  pues los frentes de combate siempre son difusos y dinámicos. Lo que hoy se juzga y se critica como defecto mañana constituye un acto de discriminación. Sin embargo, hay un terreno que se mantiene blindado, infranqueable. El de las drogas. 

Es cierto que solemos ver ¿noticias? de este rubro en donde se las mencionan, incluso con morbosas descripciones al detalle,  aunque por lo general de manera secundaria en un relato que los trasciende. Los mitos acerca de la cocaína entre bambalinas no se han instalado tanto por una curiosidad genuina acerca de las drogas, sus efectos y leyes, sino porque constituyen uno de los accesorios de historias que suceden en la penumbra de la noche, allí transcurre no solo el trabajo (sobre en teatro) sino también la vida social del llamado “mundo del espectáculo”. Mitos que, muchas veces, derivan en estigmatizaciones implacables (allí lo tenemos al Facha Martel, devorado por un monstruo del que no pudo hacerse cargo).

¿Por qué motivo no se habla de esto en un ámbito que acostumbra a hablarlo todo, inclusive cuando no hay mucho por decir? Luis Ventura acepta el convide y participa de la ronda, aunque conoce el juego como pocos y sabe en qué momentos conviene escurrirse entre definiciones imprecisas  No es fácil hablar abiertamente del tema, menos aún en un ámbito donde uno debe medir sus palabras para luego no terminar preso de ellas. “No existe el periodismo objetivo. Es una mentira. No hay un solo periodista que lo sea. Se dice el 30 por ciento de lo que se sabe. Por motivos de los más diversos: por respeto, cariño, intereses o presiones de arriba”, sostiene, defendiendo un viejo axioma que dice que un periodista vale más por lo que sabe y calla que por lo que muestra y dice.

– ¿Cuál es tu posición personal frente al consumo de drogas?
– Convivo con todo tipo de personas, colores, razas, religiones. Me chupa un huevo todo, esa es la realidad. Cada uno puede tener su gusto, pero cuando ese gusto empieza a joderme a mí o a otros, ya me preocupa. Por ejemplo, el Pity Álvarez. Si es el reviente de su vida, me parece perfecto, no así que le meta un tiro a uno que está al lado. No lo banco cuando ya empieza a incidir en tu rendimiento, tus horarios y actividades que afectan a otras personas. Ahí es cuando me entra a joder. Y si tenés un familiar o amigo que se está jodiendo la vida y también se la caga a otros, ahí ya me planto. Es más, tomo partido. Como hice con Cristian Mercadante (N: exparticipante de un Reality que terminó viviendo en la calle). Y me lo banqué por una cagada que hicieron mis compañeros. Lo engancharon al tipo comiendo de la basura y fajándose con paco. Cubrieron algo que no tenían que cubrir. Entonces ino un día a prepearme, casi nos trompeamos. “¿Por qué no me das laburo en vez de hacerme esto?”, me dijo. Se lo dí y le garpé la pensión durante dos años. “Yo pongo la guita, pero no te quiero ver afuera del paco”, le dije. Me banqué quilombos e, incluso, peleas con mi mujer.

– Una vez, Victoria Vanucci trató a alguien de mogólico y saliste a ponerle los puntos por estigmatizar el uso de esa palabra. ¿Acusar a alguien de drogadicto no es igualmente peyorativo?
– ¡Yo no lo acuso de drogadicto! Vos podés prenderte un porro o darte un saque acá mismo y a mí no me va a joder, porque tengo amigos que lo hacen. Cuando es parte del placer y se trata de un gusto personal, no me cambia la imagen que tengo sobre una persona. Si fumás un porro, para mí vas a seguir siendo igual de bueno o de hijo de puta, pero con un porro en la mano. Eso sí: si te zarpás y puedo sacarte, lo hago.

– ¿Hacés alguna distinción entre drogas a la hora de calificarlas?
– Sí, con las que te revientan. Cuando estás en una situación límite en la que te cagás la vida a vos, a tu familia y a tus amigos; ahí ya no tranzo. Es tu vida, como la sexualidad. Me chupa un huevo. Mientras no jodas, está todo bien. Si querés sentir placer o hacerte partir el orto, no me meto. Es lo mismo que te lo partan o que lo partas vos, es un tema tuyo. Y si te puedo hacer una foto, la publico. No me importa si estás adelante o atrás, arriba o abajo. No me importa, yo vivo de otra cosa. Pero no me banco el reviente, la degradación y la decadencia. Como cuando se utiliza la droga como herramienta para robotizar. Por ejemplo, para hacerte ir a robar. Los verdaderos responsables son los que le ponen el sobre en el bolsillo para inducir a su gente. Los dealers y los narcotraficantes me rompen las pelotas. Pero no es fácil meterse con eso. Cuando yo me metí con dealers, en el caso Juan Castro, me vinieron a buscar cuatro tipos a la vuelta del canal, me robaron y me cagaron a trompadas. Estuve un mes con custodia y después la rechacé, porque yo quiero andar por la vida como lo hice siempre, siendo un guapo de Lanús. Hace poco un tipo me dijo: “yo sé quién te mandó a pegar y todavía guardo tu reloj”.

– ¿Hiciste algo?
– ¿Qué voy a hacer? Hice la denuncia, fui al Ministerio del Interior, a juzgados. Quedó en nada. Ya no gasto más tiempo en boludeces. Varios periodistas tuvieron quilombos cuando se metieron a hablar de drogas. Meterse con las mafias es jodido. No peleás contra un tipo, una cara, o un apellido, sino con un regimiento invisible que no sabés por donde te la va a devolver. Son temas tabú porque hay muchos intereses en juego. Acá, la verdad no se puede contar. El poder político, policial y judicial que están detrás de estas palabritas. Más de un juez está entongado en los manejos. Políticos que habilitan el ingreso de las drogas por las fronteras. Hay todo un aparato que sostiene eso. No sé si es bueno que lo esté diciendo yo, pero es por eso que no se abordan estos temas: o los tenés que falsear, o decís la verdad y te cagan a tiros.

– ¿No creés que la despenalización puede ayudar a limitar el narcotráfico?
– Sí, es cierto. ¿Pero qué hacemos con los que se revientan? Porque muchas veces hay problemas encubiertos que uno sabe de donde vienen, y en verdad están tapando a otros problemas. Ojo, que no lo hago solo con marihuana. También con tabaco. En mi casa no se fuma. A mí mujer le digo “yo te quiero mucho, pero andá con el cigarrillo al baño porque me estás haciendo fumar a mí. ¿Por qué me vas a cagar mis pulmones? ¡Cagátelos vos, si querés!”.

– Chiche Gelblung nos dijo que las notas sobre drogas no le daba rating. ¿En el periodismo de espectáculos sucede lo mismo?
– Lo que pasa que al televidente tampoco le cuentan la verdad. Le dicen “droga, caca” o aparece una bandita diciendo “vamos a darnos”. No hay un término medio para poder ilustrarlo mejor. Es decir, los caminos de la droga, lo que te genera en el organismo, cuándo uno lo hace por placer y cuándo por adicción. A veces uno elige ese camino, pero a veces es inducido. Por ejemplo, en la prostitución, donde hacen adicta a una persona para luego poder manejarla.

– ¿En tu ámbito pasa eso?
– Yo ví muchas chicas. No primeras figuras. Pero he visto productores de teatro que pagaban mitad con guita y mitad con drogas. No me lo contó nadie, lo ví yo. Pero dejémoslo ahí, no me quiero meter con eso porque es complicado. Fuera de grabador te digo, no tengo drama.

– ¿Hay códigos en el mundo del espectáculo, o cada uno se maneja como puede?
– Yo no tengo los mismos códigos con todos. Con algunos, sé que tengo que ir de entrada a pisarle la cabeza. Pero también tengo enemigos que respeto, porque sé que hay límites que ellos no van a pasar.

– ……………¿Límites?
– Cuando me mando, es porque algo hay atrás. Esto no es gratis. Si vos estás casado y te vas a dar un beso a las 12 del mediodía en el Obelisco, no tenés disculpas ni perdón. Si vos me venís a desafiar, yo te hago la foto, te la publico y me cago en todo.

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