La carne tierna de la guerra

ISIS

El affaire París como tema joven: la mayor parte de las víctimas recientes, como de las tropas que Francia envía a Medio Oriente, es sub-30. 

Por Juan Ignacio Provéndola (Publicado en el Suplemento NO de Página/12) | En febrero la ciudad suele amanecer helada, con el cielo cubierto de gris y una bruma espesa que difumina sus característicos tonos pasteles. La típica postal del invierno parisino sólo se vio interrumpida la última vez por la memoria de Charlie Hebdo, multiplicada en grafitis, afiches, stencils y ofrendas florales improvisadas en distintos rincones de la capital francesa. Todos eran Charlie.

Apenas un mes después del atentado a la revista satírica y al hipermercado kosher Hiper Cacher (que dejó un saldo de 17 muertos), el principal destino turístico del planeta se vio invadido por una insólita proliferación de drones que sobrevolaron varios de sus sitios emblemáticos durante dos noches tensas. Los medios dieron cuenta de este fenómeno propio de la ciencia ficción pocos días y se olvidaron del asunto.

¿Es que el hecho no había podido esclarecerse? Difícil creerlo: a partir de enero, Francia desplegó un operativo de seguridad inmenso aunque discreto. La idea era mostrar acción pero nunca temor. Un estímulo elemental desde que el primer hombre le declaró la guerra al otro: la batalla es, ante todo, psicológica. El secuestro de tu estado de ánimo.

Desde entonces, 25 mil policías y 10 mil militares se agregaron al patrullaje sobre París. Además fue aprobada una Ley de Servicios Secretos que autorizó al gobierno a recoger datos confidenciales de internet. Gracias a esto, dicen, pudieron capturar a un joven que planeaba un atentado en la ciudad de Toulón: fue descubierto mensajeándose con células de ISIS a través de Facebook. Un temible terrorista que deja huellas de chocolate en la puerta de la heladera como si fuera un niño robando torta por las noches suena demasiado inocente para ser real, pero de algún modo hay que justificar los 736 millones de euros invertidos “para reclutar expertos y comprar material moderno”. Es lo mismo que el Estado argentino destina por año a la Asignación Universal por Hijo. Dos formas diferentes de entender el futuro. Pero no hay por qué comparar.

La otra dimensión de esta problemática es el envío incesante a Siria o Irak de tropas mayormente jóvenes. En lo que va del año, ya procesaron casi 2000 franceses para alistarse al frente de combate de la OTAN en Medio Oriente. No todos lo hacen por obligación militar: los aspirantes que se presentan voluntariamente aumentaron un 212 por ciento este año. De todos ellos, sólo 300 volvieron a casa. Los demás siguen en combate, si es que aún no fueron amasijados por un conflicto que ni siquiera les pertenece.

Algo parecido sucedió con los muertos del viernes pasado en el teatro y en los tres bares parisinos, ya fueran franceses emboscados como extranjeros detonados. Eran casi todos menores de 30 años. Como siempre, las guerras de la historia se abonan con carne tierna, hormonal e irracional. Son el músculo del conflicto pero nunca el cerebro: eso corre a cargo de gente que no frecuenta bares ni trincheras.

 

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