ROCKPOLITIK: ¿Cuál fue el origen del ‘rock nacional’?

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El llamado “rock nacional” acaba de cumplir 50 años para aquellos que consideran acto fundacional a la publicación del único simple de Los Beatniks, en junio de 1966. Otros, en cambio, señalan como hito iniciático a La Balsa de Los Gatos, editada un año más tarde, pero con un éxito comercial que el anterior no había logrado. Más allá de la discusión sobre, en definitiva, un dato bibliográfico, la irresoluble pregunta por la primera canción encierra un debate fundamental. ¿Qué le da origen a nuestro rock? ¿El descubrimiento de una manera de utilizar el idioma? ¿La formación de un mercado? ¿La ética contracultural? ¿O el abrazo de las mayorías? Aquí reproducimos la síntesis del fragmento del libro RockPolitik que va en busca de esas respuestas.

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Por Juan Ignacio Provéndola | Después de haberse formado el verano anterior en Villa Gesell (donde regenteaban un bar y a la vez tocaban en vivo), Los Beatniks lanzaron un disco simple de dos canciones por la compañía CBC-Columbia. Ocurrió el 2 de junio de 1966 y la fecha se toma como inicio de lo que hoy damos en llamar “rock nacional”: fue la primera vez que un artista argentino grabó canciones de rock propias, de autor, inéditas y -lo más importante-: en castellano.

Para promocionar la salida del disco, el grupo planeó una delirante campaña publicitaria que consistió en tocar encima sobre una camioneta en marcha hasta llegar a la fuente que lindaba al boliche Mau Mau, donde terminaron la performance zambulléndose en el agua.

El episodio sirvió para concitar la atención de la prensa sensacionalista (la revista Así le dedicó varias páginas y fotos en una edición que terminaría siendo retirada de circulación por el gobierno de Onganía). Sin embargo, el disco vendió apenas 200 copias y la compañía les retiró el apoyo de inmediato. Los Beatniks se separaron antes del verano siguiente y cada uno siguió su camino. El de Moris fue el más conocido, con repercusiones incluso al otro lado del océano, en España. Y Pajarito era rescatado eventualmente, siempre desde su condición de outsider y antihéroe.

A pesar de la brevedad de Los Beatniks, los frutos fueron tan grandes como la apuesta: aquella grabación de junio de 1966 abrió un camino que el género comenzaría a explotar casi de inmediato, tal como se observa un año más tarde a través del éxito de La Balsa y la posterior aparición de Vox Dei, Almendra y Manal. El suceso comercial de Los Gatos también un hito clave en el Paleolítico de nuestro rock, ya que le dio visibilidad al género y dinamizó su salida comercial, cosa que Los Beatniks no habían logrado. Los números lo graficaban: 200 mil copias vendidas de La Balsa contra 200 de Rebelde. Para muchos, éste es fue el verdadero momento fundante de nuestro rock.

La discusión encierra de fondo otras preguntas más profundas que un diferendo de fechas. ¿Qué le da origen a nuestro rock? ¿El descubrimiento de una manera de utilizar el idioma? ¿La formación de un mercado? ¿La ética contracultural? ¿O el abrazo de las mayorías? La respuesta estará influida por esta serie de subjetividades propias de quien decida mirar.

Para Litto Nebbia, la discusión no se dirime entre 1966 (cuando Los Beatniks) o 1967 (cuando Los Gatos), sino que se remonta a 1965, cuando fundó Los Gatos Salvajes en Rosario. Esa precuela al desembarco porteño llegó a grabar un disco, aunque no en su totalidad con canciones propias y en castellano. “Los Gatos Salvajes editaron en 1965 el primer disco del rock argentino, y es así porque esa fue la fecha en la que salió el disco, no porque sea un invento mío”, señala Nebbia, inclinando el mojón iniciático hasta ese año.

A Moris, en cambio, la situación no pareció desvelarlo: “Yo no sé qué fue lo más importante. A veces, dudo de la importancia de las cosas. Lo nuestro fue apenas el triunfo de gente que luchó por hacer canciones en su idioma, con sus propias letras, grabarlas, darlas a conocer y tratar de que trascendieran. Por haber volado de más. No sé si las cosas que hicimos fueron importantes. Importantes, para mí, fueron Edison o Pasteur”.

“Decir ‘ayer no había rock nacional y hoy sí, a partir de este tema’ es caer en una falacia. Yo prefiero hablar de una sensibilidad que se fue despertando”, modera el decano crítico musical Alfredo Rosso. “No nos olvidemos que, en esa época, el mundo estaba mucho más lejos que ahora. No podías poner “rock nacional” en el Google y ver que salía. Si vos querías saber lo que había pasado de fondo en Vietnam, tenías que enterarte por algún libro, novela o ensayo de algún escritor. Tenías que poner el alma en la búsqueda, sobre todo porque en esa Argentina del ’66 había una férrea censura desatada por Onganía y sus secuaces. Tampoco se trataba de gente que tenía una lucidez y decía ‘vamos a juntar un nuevo movimiento’. Como diría Machado, se hacía camino al andar, y así se fueron haciendo cada uno de los capítulos que forman al rock argentino. Eso es el comienzo de otra cosa, no sé si del rock nacional, pero sí de ver el mundo de otra manera”.

En una línea similar, Pipo Lernoud (poeta, co-autor de varias canciones del primerísimo rock nacional y amigo por igual de todas las partes litigantes), cree que el origen no es patrimonio exclusivo de ninguna individualidad. “Los Beatniks, Los Gatos y Los Gatos Salvajes fueron todos signos de un mismo movimiento que empezaba a generar temas propios y en castellano. Lo de Litto pertenecía más al circuito musical y comercial. Los Beatniks, en cambio, mostraban otro mundo, y pertenecían a otro mundo también. De todos modos, si tuviese que elegir un hito, no sería ninguno de esos discos, sino una serie de shows en El Teatro de los Altos en la calle Florida en junio de 1966, justamente el mismo mes en el que salió el simple de Los Beatniks”.

No creo que el éxito o la aceptación popular sean parámetros para determinar un ciclo histórico. Tampoco la grabación de un disco ni el lugar donde se produce un hecho”, postula Miguel Grinberg, autor del libro fundamental Como vino la mano. “De todos modos, así como en la historia del cine se implanta la fecha de filmación, y no la de estreno comercial, en la música popular se acostumbra a tomar como referencia las fechas de grabación. Adhiriendo a esta línea, entonces no habría que considerar ni a Rebelde, de 1966, ni a La Balsa, de 1967, sino al LP de Los Gatos Salvajes en 1965”.

Por último, Marcelo Fernández Bitar (que acaba de reeditar su fundamental Historia del rock en la Argentina bajo el nombre de 50 años de rock en Argentina) apela a una salida salomónica para superar el interdicto: “Siempre hay discrepancias, pero las dos opciones me parecen válidas. La Balsa fue muy vendedora y abrió la punta para presentar el rock en sociedad más allá de que, para la época, era una cancioncita pop. Rebelde tiene la gran ventaja de que la letra es mucho más directa. Yo prefiero marcar a ésta última como la primera, aunque es cierto que no todo comienza con la edición de un disco, sino tiempo antes, con las cosas que se va generando. Y ahí aparecen todos con los mismos méritos”.

OTROS EXTRACTOS DE “ROCKPOLITIK”

  • El comienzo de una larga relación (60’s): click acá
  • El Flaco Spinetta, la revista Gente y el Proceso (1976): click acá
  • El Festival del Triunfo Peronista (1973): click acá
  • El rock al frente de Malvinas (1982): click acá 
  • Roberto Pettinato: “El rock es político cuando te hace pensar por tu cuenta”: click acá
  • El rock al poder (de la luna de miel a Cromañón):click acá
  • Rock y espionaje: click acá
  • Más info sobre el libro: click acá
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