Curreo argentino

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Hace unos días publiqué una opinión personal en Facebook sobre la decisión del Gobierno de acortar los feriados. Mi razonamiento, elemental, es que un país no va a crecer porque los trabajadores resignen su ocio (mucho menos cuando ni siquiera el presidente se toma la molestia de predicar con el ejemplo).

Con sorpresa recibí algunos comentarios de laburantes de a pie, quienes defendían la medida (la de Macri, no la mía, claro). Iba a contestar con más claridad, para que se entendiera mi punto, pero una vez más la realidad me llevó por delante y fue más eficaz que mis palabras.

Esta semana nos enteramos que Macri -hijo- le condonó a Macri -padre- un total de 70 mil millones de pesos de una deuda con el Estado por el desmanejo y vaciamiento del Correo Argentino. Dinero que Macri -padre- no tiene… en Argentina. Está claro que todo ese dinero (se suponía que tuyo… y mío… hasta ayer) está girada a un banco extranjero que la tiene “trabajando” en otro lado.

En definitiva, una patada en la cara para todos los que pagamos aumentos de tarifas o padecemos recortes salariales, comiéndonos el sapo de que por abonar 500 mangos en vez de 50 por el gas vamos a colaborar a que el país crezca.

Amiguitos: ¿saben cómo crecieron Estados Unidos, Suecia, Alemania o China, por nombrar cuatro países opuestos social y culturalmente pero lo mismo exitosos económica y comercialmente? No, no crecieron porque trabajaban los domingos o pagaban la luz diez veces más. Crecieron cuando los que ganan buena plata (que para el marxismo es la burguesía, para el peronismo la oligarquía y para el liberalismo los inversores) decidieron volver a ponerla en el mercado propio, ya sea el interno, el de consumo o el de capitales.

Es decir, cuando hicieron todo lo contrario a lo que se hace en Argentina, donde los empresarios y hacendados y timberos de la macroeconomía abusan de los trabajadores, se (es)fuman los recursos locales, parasitan al Estado… y después se la llevan a otro lado, generalmente a bancos de Europa o de paraísos fiscales que la usan para seguir generando nuevas bicicletas especulativas entre los magnates del planeta.  

Una jugada tan clara y evidente me asombra que pueda verla un boludo como yo y no muchos de los ilustrados que habitan esta sala… o en este país.

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