Memoria es Historia

Por JIP | Hace poco leí al influyente y admirado Carlos Pagni decir que prefería un país con “menos memoria y más historia”. Al margen de que la entrevista al periodista de La Nación fue publicada en el diario La Nación para promocionar un programa del canal de La Nación (en un particular caso de endogamia periodística al cubo), la frase en ciernes fue resaltada por el medio e instantáneamente apropiada y repetida por numerosas gentes que en ella encontraron intelectual lucidez. 

La expresión suena bonita en tiempos de Twitter (donde la interjección se impone sobre el análisis), aunque en el fondo encierra una falacia insolayable, al mismo tiempo que representa el pensamiento de un sector extendido del poder y también de la sociedad. ¿Qué es lo que quiso decir este penetrante líder de opinión a la numerosa audiencia que lo consume y respeta? ¿Que conviene abstraerse de subjetividades para mirar el pasado como si fuésemos astronautas colonizado tierras ajenas? La “Historia” no se procesa con planchas de carbono y tubos de ensayo, no es una ciencia reductible a operaciones de calculadora. Es una masilla blanda que toma forma con la intervención del humano que la analiza; es decir, con el razonamiento impreciso pero apasionado que da cuerpo y también calor.

La aspiración de “despojar a la Historia de la memoria” no es nueva y por lo general esconde intereses que nada tienen que ver con la asepsia pretendida. Bajo esa etiqueta de apariencia moral suelen guarecerse los relatos más peligrosos: aquellos que imponen uniformidad porque justamente prescinden de las memorias individuales y particulares para destacar sólo una de ellas (que no necesariamente es la más compartida; y si así lo fuera tampoco valdría como superior de las demás).

En países como el nuestro, donde los discursos y las narrativas dominantes siempre tendieron a imponer una Historia por encima de otras historias posibles, siempre aparece la memoria como atajo para darle visibilidad a voces descartadas. Que hace 200 años fueron las comunidades originarias, más adelante las expresiones políticas disidentes y, en estos tiempos, los numerosos sectores afectados por gobiernos más propensos a la sectorización que a la integración. A la construcción, justamente de una Historia única… a la cuál, en un círculo tramposo, luego deberemos remitirnos para seguir escribiéndola. Así, sin ir más lejos, nos educa el colegio, sea público o privado: no a reflexionar el pasado, sino a internalizarlo tal como nos lo cuentan los manuales para saber dar la respuesta correcta en un examen. Una mecanismo no muy distinta a la de los concursos televisivos .

De ninguna manera podemos pensar la Historia sin la memoria, porque ello implicaría no recordarla, sino apenas repetirla. Que es, justamente, lo que hacen los desmemoriados: creer que les pertenecen pensamientos ajenos porque así se lo hacen creer quien les vociferan al oído.

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