Archivo mensual: abril 2017

Hermosa tierra de amor y paz

Represion

El lunes pasado conté en mi Facebook lo que estaba sucediendo en el INDEC, donde se montó un fuerte cerrojo policial mientras los empleados eran obligados a entrar de a uno para saber si estaban en una inesperada lista de despedidos. Cerrojo policial y listas, todo muy 1976. Esa fue mi observación elemental (la dictadura fue control y amedrentamiento en escalas aberrantes pero también en otras menos perceptibles) aunque la ¿metáfora? fue impugnada por licenciados en literalidad y semiólogos de quincho. Yo me quedé mosca y la cosa volvió a embatir con más dureza a los pocos días, primero en un piquete de la Panamericana y luego en una marcha de docentes. Y no me refiero a la dureza del garrote de la policía, que es más que evidente, sino a la del garrote de la realidad. Una realidad tan clara que a muchos encandila. O, en el más triste de los casos, atonta.

Yo, por suerte (cuando digo ‘suerte’ me refiero al azar de la existencia), no viví la dictadura, sino que me crié en democracia. Una democracia compleja y contaminada, no lo voy a negar, pero que jamás se me reveló como en la actualidad, en donde se impone el afán represivo como mecánica del Estado para “desempatar” conflictos con la sociedad. ¿Ese era el diálogo que proponían? Va a ser difícil, muchachos: ese lenguaje ya no garpa como antaño, aún a pesar de que sobrevivan escupidores de pochoclo que aplauden los bastonazos en vivo de la TV.

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Democracia de la vereda para adentro

Por J.I.P. | El sábado fui a ver a un conocido a Mataderos en bici y cuando estaba pegando la vuelta hacia Almagro City tomé la mala decisión de agarrar José M. Moreno rumbo a Rivadavia, donde como muchos saben esa calle cambia de nombre y pasa a llamarse Acoyte. En esa esquina en cuestión había una multitud de a pie gritando, agitando banderas de Argentina y cortando el tránsito, mientras que otra multitud en auto tocaba bocina, ya sea por aprobación o bien por el fastidio cotidiano al que los vehículistas porteños se exponen en la impredecible aventura de conducir por Buenos Aires. Se trataba esa esquina de un meeting point de la “marcha de la democracia”, como le dicen algunos, o del “1A”, como gustan denominarlo otros (en una extraña analogía con las coordenadas de la Batalla Naval, ese juego donde gana el que hunde al rival). Sigue leyendo