Defe y un duelo necesario para soltar y mejorar

Defe chau

Por Juan Ignacio Provéndola | En 2010, después de quedarse afuera del Mundial de Brasil con la selección chilena, Marcelo Bielsa sintetizó en una frase el desgarrador sentimiento de enfrentarse a un final indeseado. “Es muy duro tener que asumir que esto ya no nos pertenece”, sentenció el entrenador, con la voz gastada y la mirada vencida. Se acababa un largo proceso que había llenado de ilusiones al fútbol chileno con mucho esfuerzo y expectativas que acaso quedaron a medio concluir.

Aunque Bielsa la definió concretamente como pocos, tal sensación existe desde que el fútbol es fútbol y Defensores la está rumiando ahora como pocas veces en su historia.

La derrota ante Estudiantes de Caseros en el primer desafío del Reducido por el segundo ascenso al Nacional no sólo estableció el final de la competencia para Defe en la temporada, sino también la sensación de que un ciclo acaba de terminarse. Y, como sintió Bielsa en aquella tarde triste de Río de Janeiro, acá también se olfatea el final de un proceso histórico y añejo, sostenido por jugadores que construyeron sinceras épicas, acuñaron motivadoras ambiciones y se acomodaron en el corazón vivo del club: aquel que late con historias pequeñas pero imborrables.

Un ciclo que se extendió en los años y en las temporadas, y que se explica a través de algunas figuras centrales. Como el capitán Luciano Goux, los volantes Fernando Enrique y Juan Sosa, el arquero Albano Anconetani o el lateral de cosecha propia Iván Nadal (todos ellos por arriba de los cien partidos jugados), más algunos que se fueron prematuramente, como Nahuel Fioretto y sus recuerdos de juego y fantasía en categorías que estas cosas no ofrecían.

Y de manera angular, claro, Rodolfo Della Picca, quien en su segundo ciclo se convirtió en el entrenador con más partidos dirigidos en la historia de Defe.

A ellos ocasionalmente se les añadieron incorporaciones externas y valores de la cantera propia, acaso el principal activo que históricamente tuvo el fútbol de Defensores. La joya principal, sin dudas, es Miguel Barbieri, hoy defensor titular en la zaga de Racing de Avellaneda.

Todos estos elementos configuraron una era histórica, de esas que los hinchas del futuro pelearán por asegurar que la vieron en la cancha. Y que comenzó a mediados de 2013, cuando Defe inició la temporada que lo condenaría al descenso a la C. A pesar de la magra cosecha previa que condicionaba el promedio, aquel equipo hizo una notable campaña (acabó cuarto y, si no fuera por el descenso, hubiese jugado por el Reducido) y esto alentó la permanencia de muchos jugadores, estimulados además porque la campaña en la C se había recortado a seis meses. Envalentonado, Defe salió campeón en ese semestre y rápidamente volvió a la B.

A su regreso, Defensores peleó mano a mano ese año completo en la B Metropolitana, llegando hasta la última fecha con la chance de ser campeón (hasta que el sueño acabó con aquel empate en el Bajo con Estudiantes de Caseros y el festejo de Brown de Adrogué en la cancha de Morón ). Una performance que intentó mejorarse en esta temporada y que sólo fue replicada a menor escala, ya que Defensores se quedó afuera de la lucha varias fechas antes y luego fue eliminado en el primer turno del Reducido.

Es cierto que Defe empezó esta temporada con entusiasmo. El clímax fue la noche del 19 de diciembre del año pasado, cuando el Dragón le ganó a Excursionistas después de 21 años, clasificó a la Copa Argentina y se ubicó en el primer puesto del torneo al cierre de la primera ronda. Un final de semestre maravilloso que dejó a los hinchas amasando esperanzas durante los dos meses del receso.

Pero el 2017 mostró una versión más cruda de Defensores, con ciertas dificultades futbolísticas para sostener aquellas ambiciones incubadas. En la cancha se impuso un juego sufrido y esforzado que abrazó victorias imposibles (como el 4-3 a Fénix después de estar 1-3) y sumaba punto sobre punto.

Hasta que una catástrofe le puso límite a todos los sueños del Dragón. Fue aquella seguidilla de derrotas que lo marginó de la pelea del torneo ante un imbatible Morón y, casi a la rastra, se lo llevó puesto también en la Copa Argentina, donde perdió contra Talleres de Córdoba del mismo modo que lo hacía con sus colegas de la B Metro: por poco pero a la vez por mucho.

De ahí en adelante sólo quedó pelear por el ingreso al reducido, objetivo que se cumplió gracias al buen colchón de puntos previo y a victorias fundamentales en el último tramo de la fase regular. Aunque la experiencia fue breve: a pesar de jugar el único partido de local y con el beneficio del empate para pasar de ronda, Defensores perdió con Estudiantes de Caseros y se despojó de la última esperanza que le quedaba, la de ganar el Reducido por el segundo ascenso al Nacional B.

Es difícil cuestionar a un proceso únicamente por sus resultados, ya que Defensores es un equipo que por un lado se habituó a pelear puestos de vanguardia, aunque nunca termina logrando el objetivo máximo. Pero si tan sólo valdría esto último -campeonar, ascender-, la gran mayoría de los hinchas del planeta estaríamos condenados a la amargura y a la frustración recurrente.

En ese camino que no siempre termina en el éxito, pero que igualmente es largo y trabajoso, van quedando igualmente algunos gestos que uno conserva como victorias.

Uno, sin dudas, es el proyecto de mutual cooperativa que los más veteranos del plantel aplicaron desde hace unos años para aportar, a través de una breve donación del sueldo mensual, facilidades para los chicos de inferiores. Una experiencia que da cuenta de la química interna que se produjo en este proceso y que además ocurre en pocos clubes del mundo.

Y otro, claro, es el fútbol.

Hablamos de los lindos partidos, de los triunfos merecidos, de un criterio colectivo más o menos claro y ordenado y de los arrestos individuales que denotan audacia y ambición. En suma, todo aquello que hace a la mística que construyen un equipo y la gente que lo sigue y que lo desea vencedor. Algo que en la última temporada se insinuó pero que quedó a medio hacer. Y que –es notable destacar- los hinchas igualmente toleraron con respeto. Como dijo uno de los más brillantes jugadores que pasaron por Defe: “el secreto es tener más huevos que esperanzas”. Aunque, claro, con eso solo no basta.

De modo que terminó la temporada y uno, como hincha, siente que se quedó atragantado. Como si algo faltara digerirse. Cuando se habla del fin de un ciclo no se refiere a un mero cambio de nombres. No se trata de que se vayan unos para que vengan otros por el solo hecho de ver caras diferentes. Se trata más bien de ajustar algunas ecuaciones para que se produzca algo que, por cierto, se viene aproximando. Todo esto, claro, si el objetivo deportivo aspira a alcanzar lo mejor y no sólo a conformarse con quedarse cerca, apenas en las puertas de las posibilidades.

La historia reciente indica que cada vez que se recicló un ciclo de resultados interesantes, Defensores debió asumir un inmediato proceso de transición desfavorable. Así ocurrió después de que el Dragón perdiera la Promoción con Independiente de Mendoza, o también cuando se quedó en la puerta del campeonato anual del 2015. Como si Defe no pudiera reponerse de la frustración que provoca ilusionarse con algo que finalmente se frustra.

En estos tiempos de reseteo, de imbricar la baraja para repetir de nuevo, uno desea humilde y buenamente que Defensores mueva las piezas de manera adecuada, reponiendo donde hace falta y conservando lo que vale la pena. Un esfuerzo en el que intervienen el entrenador eligiendo, el club negociando y el jugador evaluando.

Se trata de una genuina ambición que el hincha de Defe cobija paciente y respetuosamente. La de ir a la cancha a ver un equipo que exhiba un compromiso colectivo y asuma riesgos. Que no se conforme con poco y se anime a romper la letanía que infectó al fútbol en general y al de la B en particular. Que el proyecto deportivo ostente un deseo real de protagonista y la necesaria sed de querer quedar en la historia, que será grande o de otro tamaño, pero al fin de cuentas nuestra. Y que, en una de esas, a lo mejor, como cada año le pasa a colegas de otros cuadros, a nosotros también el equipo del que somos hinchas nos llene el pecho de ganas de verlo, de acompañarlo y de disfrutarlo. Ojalá así sea.

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Una respuesta a “Defe y un duelo necesario para soltar y mejorar

  1. Brillaaante. La pasión por Defe es como el amor hacia la persona amada. Sólo se siente, no se puede argumentar.

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