Archivo de la categoría: Policiales

Hermosa tierra de amor y paz

Represion

El lunes pasado conté en mi Facebook lo que estaba sucediendo en el INDEC, donde se montó un fuerte cerrojo policial mientras los empleados eran obligados a entrar de a uno para saber si estaban en una inesperada lista de despedidos. Cerrojo policial y listas, todo muy 1976. Esa fue mi observación elemental (la dictadura fue control y amedrentamiento en escalas aberrantes pero también en otras menos perceptibles) aunque la ¿metáfora? fue impugnada por licenciados en literalidad y semiólogos de quincho. Yo me quedé mosca y la cosa volvió a embatir con más dureza a los pocos días, primero en un piquete de la Panamericana y luego en una marcha de docentes. Y no me refiero a la dureza del garrote de la policía, que es más que evidente, sino a la del garrote de la realidad. Una realidad tan clara que a muchos encandila. O, en el más triste de los casos, atonta.

Yo, por suerte (cuando digo ‘suerte’ me refiero al azar de la existencia), no viví la dictadura, sino que me crié en democracia. Una democracia compleja y contaminada, no lo voy a negar, pero que jamás se me reveló como en la actualidad, en donde se impone el afán represivo como mecánica del Estado para “desempatar” conflictos con la sociedad. ¿Ese era el diálogo que proponían? Va a ser difícil, muchachos: ese lenguaje ya no garpa como antaño, aún a pesar de que sobrevivan escupidores de pochoclo que aplauden los bastonazos en vivo de la TV.

Viernes santo

ComisariaSegunda

Por Juan Ignacio Provéndola (Publicado el 10 de julio de 2014 en Página/12Sigue leyendo

111 y 6

Banner telefe

A un cronista del NO le tocó ser testigo de la actuación policial en el caso de la mujer degollada en Villa Gesell.

Sigue leyendo

Un misterio de apellido Giubileo

Es uno de los mayores enigmas de la historia policial argentina. El 16 de junio de 1985, la doctora Cecilia Giubileo tomó su guardia en el hospital psiquiátrico Montes de Oca de Luján y nunca más se la volvió a ver. Hubo todo tipo de hipótesis, la mayoría absurdas. Salió a la luz la terrible situación de los enfermos mentales internados en esos institutos.

Sigue leyendo

Qué será del barco si el capitán pierde el rumbo…

En 2004, mientras jugaba en el Inter de Milán, le encomendó a la Policía la custodia de su familia, que residía en Azul, luego de que un preso develara supuestas intenciones de secuestro. El pedido (que por similares motivos también hizo Emanuel Ginóbili para su parentela en Bahía Blanca) fue ejecutado por el Ministerio de Seguridad de la Pcia. de Buenos Aires. Y, ahí sí, todos contentos.

Siete años más tarde, Matías Almeyda se dejó exceder por sus ínfulas caudillescas besándose su camiseta de River de cara a miles de hinchas de Boca y agrediendo a dos oficiales de la misma fuerza que siete años años lo había socorrido en sus angustias y temores. Oficiales que lo escoltaron y lo escudaron hacia la boca del túnel porque esa es la orden que reciben, al margen de cuan eficaces sean para cumplir otras que también les corresponden y, a veces, omiten.

Opiniones al margen, hay una cifra ineludible: 183, que son los muertos por violencia en el fútbol desde Oscar Munitoli y Luis López en 1939, hasta Ramón Aramayo en marzo pasado (aunque podrán ser 254 si el estadístico incluye los 71  fallecidos en la tragedia de la Puerta 12). Cifra que Almeyda debería tener presente a la hora de repensar que sus responsabilidades como capitán y líder de grupo no se ciñen únicamente a defender a un compañero novato de las agresiones físicas y verbales de los rivales o a recomponer un vestuario díscolo y desordenado.

Dos de cabezas

Mientras Diego Maradona jugaba al showbol en Mendoza, Independiente de esa ciudad cacheteaba como local a Belgrano de Córdoba hasta alcanzar un histórico 7-0 por el Nacional B. Damián Muñoz no se pudo enterar de la cifra final: su primo lo ultimó a cuchillazo limpio, en la Popular. Otros hinchas -amigos o desconocidos, pero lo mismo cómplices- se tomaron la precaución de sacar el cuerpo del estadio y tirarlo en la calle, para que el equipo no sufra sanciones. Así no andan diciendo que los violentos no quieren al club. Bastante parecido a lo que le sucedió a Miguel Feris tres semanas antes y en la misma tribuna. Excepto que no lo acuchilló un primo, y que fue recogido de la calle a tiempo para salvar su vida. En las dos oportunidades, no hubo policías en el camino a quiénes explicarles qué era eso que manchaba el suelo mientras lo arrastraban.
Dirigentes y barras del Independiente mendocino están cruzados desde que los unos cortaron algunas entradas de favor y, los otros, protestaron con pintadas, banderas al revés, destrozos en el club y hasta robo de sueldos de los jugadores.
El presidente, Daniel Vila, dijo que aquel hecho “no tiene nada que ver con el fútbol, son peleas o ajustes entre individuos. Además, el operativo fue hecho de la mejor manera”. Dos son los muertos por el fútbol en 2007 (el primero, Marcelo Cejas). La misma cantidad de goles que hizo Palermo, de cabeza, el domingo, según dijeron las tapas de los diarios.