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El problema de Argentina

Conciencia

El problema de Argentina no es el gobierno perverso y mediocre que decide nuestra suerte, tampoco el Poder Judicial plagado de parásitos con privilegios intocables, y ni siquiera las fuerzas de seguridad que actúan con siniestra impunidad. El verdadero problema es el elevado componente fascista y reaccionario que habita en la población civil: gente de a pie que, ni bien se levanta a la mañana, ve en el espejo a alguien superior a sí mismo y a los demás, y por lo tanto reclama beneficios exclusivos y excluyentes. Es decir, que legitima la trampa sólo si le pertenece, pero exige el castigo si la comete el de al lado. Es el que se pajea viendo por la tele como despiden, excluyen, reprimen o encarcelan al otro, al ajeno, al distinto… por atreverse a querer “ser como uno”.
Más que un crisol de razas, lo que se impone es un crisol de grasas sin conciencia colectiva ni empatía social. El problema es que por culpa de unos tantos nos terminamos hundiendo todos juntos.

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Las conejitas y el huevo podrido

Playboy La veneración casi unánime por Hugh Hefner (que no era Ghandi ni Newton, sino un viejo que se jactaba de cogerse pendejas en su mansión y las ponía en bolas en una revista para hacer de ellas un objeto comercial) demuestra muy claramente la enorme cantidad de muchachos que se manifiestan en favor de los reclamos de género de manera vacía e incoherente con lo que ellos mismos creen íntimamente. Y también revela algo triste y grave que pasa desapercibido: cuando una proclama urgente y necesaria (como el #NiUnaMenos y derivados) se termina malviertiendo en un tag uniforme, sin el razonamiento (auto)crítico necesario para que la ruptura se provoque y no sea tan solo una excusa para postear el Día de la Mujer cosas que nos hagan quedar bien ante las chicas.

Defe y un duelo necesario para soltar y mejorar

Defe chau

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Hermosa tierra de amor y paz

Represion

El lunes pasado conté en mi Facebook lo que estaba sucediendo en el INDEC, donde se montó un fuerte cerrojo policial mientras los empleados eran obligados a entrar de a uno para saber si estaban en una inesperada lista de despedidos. Cerrojo policial y listas, todo muy 1976. Esa fue mi observación elemental (la dictadura fue control y amedrentamiento en escalas aberrantes pero también en otras menos perceptibles) aunque la ¿metáfora? fue impugnada por licenciados en literalidad y semiólogos de quincho. Yo me quedé mosca y la cosa volvió a embatir con más dureza a los pocos días, primero en un piquete de la Panamericana y luego en una marcha de docentes. Y no me refiero a la dureza del garrote de la policía, que es más que evidente, sino a la del garrote de la realidad. Una realidad tan clara que a muchos encandila. O, en el más triste de los casos, atonta.

Yo, por suerte (cuando digo ‘suerte’ me refiero al azar de la existencia), no viví la dictadura, sino que me crié en democracia. Una democracia compleja y contaminada, no lo voy a negar, pero que jamás se me reveló como en la actualidad, en donde se impone el afán represivo como mecánica del Estado para “desempatar” conflictos con la sociedad. ¿Ese era el diálogo que proponían? Va a ser difícil, muchachos: ese lenguaje ya no garpa como antaño, aún a pesar de que sobrevivan escupidores de pochoclo que aplauden los bastonazos en vivo de la TV.

Democracia de la vereda para adentro

Por J.I.P. | El sábado fui a ver a un conocido a Mataderos en bici y cuando estaba pegando la vuelta hacia Almagro City tomé la mala decisión de agarrar José M. Moreno rumbo a Rivadavia, donde como muchos saben esa calle cambia de nombre y pasa a llamarse Acoyte. En esa esquina en cuestión había una multitud de a pie gritando, agitando banderas de Argentina y cortando el tránsito, mientras que otra multitud en auto tocaba bocina, ya sea por aprobación o bien por el fastidio cotidiano al que los vehículistas porteños se exponen en la impredecible aventura de conducir por Buenos Aires. Se trataba esa esquina de un meeting point de la “marcha de la democracia”, como le dicen algunos, o del “1A”, como gustan denominarlo otros (en una extraña analogía con las coordenadas de la Batalla Naval, ese juego donde gana el que hunde al rival). Sigue leyendo

Posverdad

La Posverdad nos viene a decir que, además de Dios y las ideologías, también ha muerto la verdad. Porque la certeza, al igual que la religión y los principios, es esencialmente un acto de fe. Pero no nos confundamos: es parte del marketing de la desesperanza que cunde desde los centros del poder real, ese que no tiene nombres, rostros ni banderas. Ya nos lo explicó Galeano: las utopías son indispensables para levantarse de la cama cada día.

Curreo argentino

macri-correo

Hace unos días publiqué una opinión personal en Facebook sobre la decisión del Gobierno de acortar los feriados. Mi razonamiento, elemental, es que un país no va a crecer porque los trabajadores resignen su ocio (mucho menos cuando ni siquiera el presidente se toma la molestia de predicar con el ejemplo). Sigue leyendo